miércoles, 9 de mayo de 2018

Ideología de Género - Agustín Laje





Conferencia presentación en México del libro "El libro negro de la nueva iquierda" de Agustín Laje y Nicolas Márquez)

La ideología de género nace como un subproducto de lo que nosotros llamamos la nueva izquierda.

Esta nueva izquierda se empieza a configurar al calor de un fracaso. Ese fracaso empieza a tener lugar en la segunda mitad del siglo XX en los países del primer mundo donde no se cumple una ley que era fundamental para la vieja izquierda y que la había escrito de alguna manera Karl Marx; esa ley decía que los obreros iban a vivir cada vez peor en el sistema capitalista; esa ley no se cumplió ni en EEUU ni en Inglaterra ni en Francia ni en la Alemania federal…  los obreros empezaron a vivir cada vez mejor, y al vivir cada vez mejor las izquierdas ya no tenían que ofrecerle y los obreros empezaron a soltarles las manos; el obrero era el sujeto revolucionario por definición para la viejas izquierdas; esa crisis fue fulminante fue una crisis que incluso tuvo nombre y apellido fue la "crisis del sujeto revolucionario" tal como ellos la entendieron en su momento y la siguen entendiendo discutiendo hasta el día de hoy.

En ese marco, si la izquierda es un paradigma de transformación social, de conflicto y de cambio social, se encuentra que no tiene nada para decir en una sociedad  preponderantemente armónica; donde la armonía y la paz social reinan la izquierda no tiene nada para decir. 

Fíjense si ustedes van a la tumba de Marx van a encontrar una frase que es una de sus ideas más famosas: "hasta el momento los filósofos se han ocupado por explicar el mundo, de lo que se trata es transformarlo". El problema es que sin conflicto en una sociedad no hay transformación, eso es lo que empiezan a ver los filósofos y los pensadores de izquierdas a partir de la segunda mitad del siglo XX sobre todo y empiezan a darse cuenta que el obrero está más interesado en cambiar su automóvil que por cambiar el mundo y que los conflictos de clases que habían dado un sentido a la lucha revolucionaria hasta el momento estaban cada vez más apaciguados; necesitaban crear nuevos tipos de conflictos si pretendían que la izquierda pudiera conservar su militancia, su vida política y su protagonismo.

Esos nuevos conflictos ya no fueron de tipo económico sino que fueron de tipo cultural y pasaron de la revolución armada que pretendía modificar radicalmente la estructura económica de una sociedad, a una revolución gradual y pasiva de tipo cultural; y en el terreno de la cultura apareció entre otras caretas la ideología de género; porque la ideología de género es un constructo ideológico cuyo fin es fragmentar a la sociedad generando el conflicto entre hombres y mujeres, entre homosexuales y heterosexuales etc, etc, y si en política existe aquellas frase tan conocida de "divide y vencerás" lo que nosotros encontramos en quién estaba sacando tajada política ideológica de esta división que tomó el nombre por ideología de género, a nuestro juicio es algo llamado la "nueva izquierda" que está explicado en el primer capítulo del libro.

Dicho esto, la ideología de género tiene dos grandes bloques: el feminismo radical por un

lado y los lobbies LGTB o el homosexualismo ideológico por el otro, que no tiene nada que ver con la orientación homosexual, (hay muchos homosexuales que son fervientes opositores a la ideología de género, es decir, nuestro ataque es contra el homosexualismo ideológico y los lobbies LGTB no contra una persona homosexual.

Este último tema lo tomo Nicolás, yo tomé la cuestión del feminismo radical y por eso voy a hablar en los próximos minutos algo sobre él.

Para entender el feminismo la primera regla es entender que no hay un feminismo, hay muchos feminismos pero no todos los feminismos tienen el mismo poder, hay uno que se destaca hoy en día en términos de presencia en la academia,  financiamiento, presencia en los medios de comunicación, presiones políticas, etc, etc. Ese feminismo  se llama feminismo de "tercera ola".

Para entender el feminismo de tercera ola yo tengo que remontarme brevemente -en el libro está que está explicado mucho más ampliamente- cuáles fueron los orígenes del  feminismo,
cuál fue el de "primera ola", el de "la segunda ola", para llegar a la "tercerea ola". Miren el feminismo de "primera ola" es un movimiento de mujeres de hace tres siglos que fundamentalmente piden igualdad ante la ley, acceso a la ciudadanía, piden poder votar y que las voten, poder heredar por ejemplo, piden poder ir a las universidades... es un feminismo de igualdad ante la ley que ni siquiera se ha llamado en su momento así mismo feministas, ellas se llamaban “sufragistas”, después contemporáneamente le expondrá a la academia feminismo de primera ola.

Este feminismo a nuestro juicio es muy justo porque nosotros defendemos a rajatabla la igualdad ante la ley; entonces la pregunta inevitable es ¿cuándo se expropió entonces el feminismo?  a nuestro juicio se estropean los orígenes en la "segunda ola" feminista, esta "segunda ola" ya no va a estar informada por la filosofía liberal de la igualdad de la ley sino por la filosofía marxista, es decir por la vieja izquierda, esto aparece de manera muy clara en un libro de Engels (el socio intelectual de Karl Marx), este libro se publicó en el año 1884 y se tituló "El origen del estado, la familia y la propiedad privada", allí Engels decía "en la familia el hombre es el burgués y la mujer es el proletariado", ¿qué significaba esto? Estaba haciendo un paralelismo entre la lucha de clases y la lucha de sexos; estaba diciendo: si afuera de la casa la contradicción se da entre capitalistas y obreros (los capitalistas explotando obreros), dentro de la casa la contradicción se da entre el hombre y la mujer (el hombre explotando a la mujer), ahora bien nosotros no tenemos por qué pensar que esto fue un feminismo revolucionario en términos marxistas, no se estaba buscando una revolución feminista, porque para la misma izquierda la verdadera revolución no era entre sexos, no tenía que ver con la cultura, tenía que ver con la economía, entonces la verdadera revolución era económica, lo que Engels estaba queriendo era que las mujeres apoyaran a la clase obrera en su revolución porque les había dicho al mismo tiempo que el patriarcado era el producto de la propiedad privada y el origen además de la explotación de la clase obrera. Este feminismo de "segunda ola" va a tener sus límites históricos muy rápidamente y esos límites están en la experiencia de la Unión Soviética misma: llega la revolución comunista a Rusia hace 100 años y la mujer lejos de ver desajustadas sus cadenas las ve cada vez más ajustadas, hay en el libro todo un capítulo sobre el modo de vida sobre la cotidianidad de la vida de la mujer en la Unión Soviética que obviamente no tengo tiempo ahora para ver sobre eso pero está como su capítulo en el libro, si este fue el límite de la "segunda ola", entonces dónde aparece la “tercera ola” del feminismo (que es la que estamos soportando hoy en día), esa "tercera ola" aparece en el occidente, puntualmente en Francia y según nuestras tesis en un libro de una francesa llamada Simon de Beauvoir, libro escrito en el año 1948 llamado el "segundo sexo", este libro tiene 1.200 páginas, hay toda una crítica en nuestro libro sobre él, pero este libro se va a inmortalizar popularmente por una frase esa frase, es "no se nace mujer, llega una a serlo".

Monique Wittig, que es otra francesa filósofa muy importante del lesbofeminismo va a redoblar la apuesta, ella en los 80 escribe "la mujer en verdad no existe", o sea, es de tal manera una construcción que la mujer como naturaleza no existe y ustedes podrán pensar cuál es el interés que tenía una teórica feminista de decretar la inexistencia de la mujer, que es el sujeto político del feminismo? bueno, son muy inteligentes, si ellos aniquilan al mismo concepto de mujer desde el feminismo están amplificando el área de representatividad política que el feminismo tiene, es decir si la mujer no existe significa que cualquiera puede ser una mujer y si cualquiera puede ser una mujer, cualquiera puede ser parte del movimiento feminista, o no vemos por ejemplo los días 8 de marzo -que es el día internacional de la mujer- a una columna de transexuales, de extranjeros, etcétera..? bueno, eso es precisamente porque la mujer en verdad no existe.

En los 90 vendrá Judith butler a escribir "El género en disputa", yo diría el libro más importante de los ideólogos del género de los últimos 50 años, en este libro Butler va a decir "en verdad
el sexo siempre fue género", claro, hasta el momento se nos había dicho "nuestra sexualidad se compone de sexo biológico y de género, que es la cultura",  Butler patea el tablero dice “en verdad el sexo siempre fue género", entonces bajo estas pistas que he ido marcando ¿qué es
entonces la ideología de género?, porque nosotros tenemos imágenes difusas sobre qué es la ideología de género, sabemos que tiene que ver un poco con el feminismo, sabemos que tienen que ver un poco con el aborto, sabemos que tiene que ver con los ataques a la familia, con los lobbies LGTB… pero nos hace falta una definición concreta para poder entender de qué estamos hablando cuando hablamos de ideología de género. La ideología de género conceptualizada a través de nuestra investigación es  "un conjunto de ideas anticientíficas que con propósitos políticos desarraigan a la sexualidad humana de su naturaleza y le explican sencillamente por la cultura", hay ideología de género cuando se nos dice que lo relevante a la
hora de hablar de sexualidad pasa a ser la cultura y la naturaleza se esconde debajo de la alfombra, o cuando a los niños se les enseña que sexualmente uno puede ser lo que uno desee ser, porque la sexualidad es una determinación no de la naturaleza sino de una cultura opresiva cuyo antídoto es la autopercepción… ahí hay por ejemplo ideología de género...

Ahora bien, por qué es anticientífica? sencillamente porque va en contra de las ciencias más serias que han tenido y han dicho mucho ya sobre nuestro cuerpo humano, paradójicamente aquellas ciencias de las cuales echamos manos cada vez que necesitamos curar nuestros cuerpos: la medicina, fisiología, la anatomía, las neurociencias, neurología, la psicobiología y la biología en general. Es un ataque directo al conocimiento sobre el cuerpo humano, porque obviamente nuestro cuerpo humano no depende de nuestro capricho sino de una naturaleza
bien específica, que se interrelaciona por supuesto con la cultura; ahora bien, en la sociedad hay muchas ideas anticientíficas, hay gente que le gusta hacer Reiki, hay gente que le gusta pensar que se puede curar el cáncer tomando "Flores de Bach", hay gente que se junta con sus amigos a convocar los espíritus con la ouija…, es decir hay muchas prácticas anticientíficas, pero nosotros no hemos escrito un libro ni contra la ouija, ni contra las "Flores de Bach" ni contra el Reiki, ¿por qué razón? Por una cuestión que estaba en la definición que acabo de dar, este conjunto de ideas anticientíficas que es la ideología de género tiene propósitos políticos y como tiene propósitos políticos remite directamente a la institución política por definición que es el Estado, no hay ideología de género sin estatismo, no hay ideología de género sin marcos
regulatorios opresivos que inyecten la ideología de género la fuerza en los pueblos.

La ideología de género no es un ofrecimiento, la ideología de género no se oferta, no es una invitación, no es una sugerencia, la ideología de género no siquiera un tema abierto el diálogo y al debate, es un tema que se ha decidido de antemano a espaldas de las mayorías sociales, a espaldas de la gente y que se está implementando con arreglo de la fuerza, y si no nos ha bastado fíjense ustedes tan solo 18 días en este país (México) para comprobar nuestra tesis, nuestros enemigos nos han hecho un gran favor porque nos han permitido hoy ejemplificar frente a ustedes como la ideología de género ya existe como imposición en el mismo México.
Desde que llegamos, invitamos a numerosísimas personas pretendidamente expertas en el tema de género a debatir y ninguna quiso o cuando quisieron se echaban atrás los días anteriores al debate, aquí teníamos previsto un debate en la Universidad Autónoma de Aguascalientes con dos supuestos catedráticos expertos en género, que les dan clase de género a los chicos de esa universidad, ellos configuraron las reglas, ellos pusieron el eje temático, ellos dijeron cómo era la dinámica, ellos dijeron cómo serían los tiempos, ellos pusieron al moderador, ellos se encargaron de todo… para después concluir hace una semana y un poco más que no estaban de acuerdo con las reglas que ellos mismos habían establecido. Nosotros la verdad es que nos quedamos helados, hemos invitado a rectores de universidades que se echaron atrás también en el último momento, “que no se…”, que esto, que lo otro, un diputado, alcaldes... bueno gente en general de la sociedad civil y política también.

Fíjense acá una periodista del diario “La Jornada” pidiendo en columna que se nos aplique un tal artículo 33 para expulsarnos de México, son los abanderados de la tolerancia y la diversidad hasta que alguien escribe un libro que ellos no les gusta, fíjense; en Chihuahua una denuncia penal, tenemos una denuncia penal, dicen que nuestro libro -escuchen bien- viola los derechos
humanos, la ignorancia a veces es infinita, creo que era Einstein que decía que la estupidez humana era algo infinito, ¿cómo un libro puede violar los derechos humanos? por favor estudien un poquito mejor el derecho internacional público, hemos tenido infecciones de grupos minoritarios de 10 personas por ejemplo en Monterrey donde se nos han puesto enfrente con banderas, con sábanas para tapar al público, les invitamos, a detener un diálogo frente a toda la gente, querían tapar la conferencia a la personas que venían a escucharnos y que querían mirar la conferencia... Se me pierden ya los ejemplos... hemos pasado por todo estos últimos 15 días… si algo faltaba para comprobar la tesis del libro fueron todas estas cosas que fueron pasando en estos 15 días,.
Pero en América latina tenemos una especie de bolita de cristal, podemos mirar al futuro, podemos mirar un posible futuro que puede venir en el caso en que no detengamos la ideología de género, ¿en qué consiste esto? Bueno, en mirar aquellos países del primer mundo, donde la ideología de género existe desde hace mucho más tiempo que aquí y por lo tanto con una cuestión de tiempo ha avanzado mucho más que en América latina.

Yo les voy a dar algunos ejemplos –el libro estaba abarrotado de ejemplos pero voy a compartir ahora con ustedes algunos para que se den una idea por dónde va la cuestión-:


  • -         En Francia se ha prohibido la palabra "mademoiselle", que significa señorita, la han prohibido porque no existe la palabra “señorito”, entonces habría una suerte de violencia de género, una suerte de micro machismo tendiente a desvelar el estado civil de la mujer.
  •  En Andalucía los burócratas han establecido que hay nuevas malas palabras en los colegios, esas nuevas malas palabras son "alumno", "investigador" y "profesor"…; las palabras correctas son "el alumnado", "el profesorado", "el personal investigador"…, porque no tienen carga de género.
  • En Suecia han dado un paso más todavía han creado neo lenguas, fíjense allá "él" y "ella" se dice el "han" y "hon" ahora el gobierno el estado ha creado la palabra "hen" porque la "e" no tendría carga de género, entonces quiere obligar a sus ciudadanos a que hablen usando el "hen".
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Hay una novela muy interesante de George Orwell que se llama 1984 donde plantea un futuro tan distópico en el cual los políticos tienen tanto poder que quieren ordenar la manera en que los ciudadanos hablen. Esa distopía fíjense hoy se está haciendo realidad,

  • en Gran Bretaña hace más o menos 8 o 10 meses llegó una chica -que se autopercibía como un señor- a una clínica con una panza de este tamaño, estaba embarazada, hasta ahí no es un problema nuestro, es decir es un problema en todo caso suyo, el problema que significa estar disociado de la realidad o que tu autopercepción no siga las líneas de la realidad, pero se genera un problema político cuando a partir de todo este caso cuando los médicos le dijeron "felicitaciones señora, usted va a ser madre", ella se ofendió dijo "¡cómo que señora! si yo soy un señor, seré en todo caso padre". El lobby se movilizó y protestó y el final del cuento es que la Asociación de Médicos Británicos terminó bajando un manual del lenguaje médico donde hoy en día se le prohíbe a los médicos británicos decir las palabras "mamá", "papá", "hombre" y "mujer". O sea que si Nicolás se autopercibe como una chica y me asegura a mí y que en verdad es Nicolasa y yo lo trato de Nicolás o lo trato de “el” en vez de “ella”, en la justicia de Canadá él podría meterme seis meses preso.
  • También en Canadá ya hay 6 meses de cárcel para aquellas personas que digan públicamente que la homosexualidad es un pecado ("crimen de odio").

Este no es un libro sobre teología sino sobre “ciencias políticas” y en términos de ciencia política lo que yo tengo que concluir al margen de si creemos o no creemos que es un pecado es que una ley de esa naturaleza lo que hace es reventar libertades antiquísimas que el occidente ha sabido conquistar a lo largo de los últimos siglos, esas libertades son las de expresión, las de culto, las de consciencia, las de opinión, etc, etc... ¿cómo creemos que hoy lossacerdotes o los pastores van a poder seguir dando sus sermones sobre estas cuestiones en Canadá? ¿cómo siquiera van a seguir pudiendo leer ciertos pasajes de la misma Biblia? si es un "ataque directo" a las libertades.

Y hay muchas otras maneras de atacar a la libertad,

  • fíjense lo que pasó por ejemplo en España con este autobús naranja de "HazteOir.org" que decía "los niños tienen pene, las niñas tienen vulva, que no te engañen", es decir una frase que yo estoy seguro que cualquier médico no dudaría en firmar y sin embargo eso constituye por lo visto un "crimen de odio", entonces un fiscal español le retiró la libertad de circulación en autobús, lo cual significa que le retiró la libertad de expresión.
  • Fíjense que en España también hoy en día los profesores que se nieguen adoctrinar a sus alumnos en la ideología de género ya no solamente pueden perder su trabajo sino que pueden ir hasta seis meses presos.
  • En España el mal llamado "cambio de sexo" es un derecho "gratuito".
  • Fíjense que también aquí en México ya las hormonas femeninas son gratuitas, lo que significa que alguien la está pagando, la ciudadanía, es decir, no tengo ningún problema por ejemplo de que este señor se autoperciba como superman, que él me diga “yo soy superman encerrado en el cuerpo de un hombre y me quiero tirar de un décimo piso y vas a ver que voy a salir volando”, yo le diré: esto es un problema tuyo, yo la verdad que lo lamento mucho, es un problema tuyo, ahora bien que este señor no haga un lobby de personas que se autoperciben como superhéroes y le pidan al Estado que yo les pague la capa; ese es el tema, ¿se dan cuenta?, que no me pidan a mí que que yo financie tus fantasías y tampoco que que metan tus fantasías en las currículas escolares.

Fíjense también, hay otro tipo de leyes que tienden a generar el conflicto entre los sexos, dijimos hace un rato "divide y vencerás", es un axioma político (Julio César, Napoleón...) y hay muchas leyes que no están pensadas para ordenar a la sociedad sino para conflictuar a la sociedad, les voy a poner algunos casos para que quede claro

  • en Suecia en este mismo momento el partido de izquierda está pidiendo una ley para obligar a los hombres a orinar de sentados... para aplicarla sería necesario tener en el baño de cada uno de los suecos a un policía o un burócrata mirando a ver cómo lo hacen porque si no cómo van a saber si se lo hace de pie o sentado, fíjense, el Estado llegando hasta el baño una cosa que ni siquiera Mao o Stalin hubiese pensado de su época; es una ley que no se puede aplicar, en el fondo lo que se busca es generar la sensación en la población de que los sexos complementarios estamos tan enemistados, que esa enemistad se manifiesta incluso en la manera de orinar.
  • Fíjense lo que pasa en el país vasco, algo bastante similar en otro campo del área social, el País Vaco (España) quiere prohibir el fútbol en los colegios, la justificación que han dado es la siguiente: “el fútbol, en los colegios territorializa con criterios de género el espacio recreativo". Fíjense, siempre usan esta composición intelectual para explicar lo absurdo "territorializan con criterios de género el espacio recreativo", yo me imagino a un padre de familia de a pie del País Vasco yendo a preguntarle a una autoridad "oiga, a mi hijo le gusta jugar a fútbol… ¿por qué lo han prohibido?" y autoridad le dirá “porque territorializa con criterio de género el espacio recreativo” y en tipo quizás no ha entendió un carajo y sin embargo dirá “bueno justamente como no entendí, algo sabio tiene que haber dicho, entonces me vuelvo para mi casa”, fíjense, es esta codificación del lenguaje que se utiliza para que las grandes mayorías no lo puedan captar para que se sientan tontos y para que en consecuencia se queden encerrados en sus casas.
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Hay un lado de la ideología de género que no causa tanta gracia, esto es tragicómico digamos, lo que hemos hablado hasta ahora, tiene su lado trágico porque va contra nuestras libertades
fundamentales y tiene un lado cómico porque nos hace reír de lo ridículo que es, pero hay un lado que ya no es tan gracioso, que es las perversiones que la ideología de género habilita, la filosofía de la ideología de género habilita la legitimación de perversiones sexuales: pedofilia, incesto, necrofilia zoofilia…, y usted dirá "pero, ¿qué  tiene que ver la pedofilia con la ideología de género?" pues volvamos a lo que dijimos qué es la ideología de género, dijimos "es un conjunto de ideas anticientíficas que con propósitos políticos desarraigadas la sexualidad humana de su naturaleza para explicarlas sencillamente por la cultura"; si la sexualidad pasa a ser solamente “cultura” y no “naturaleza” perdemos todos los límites de la sexualidad porque lo que nos impone límites en esta vida –límites objetivos- es la naturaleza, lo que a mí me impide tirarme de un décimo piso sin reventarme contra el suelo es una ley natural llamada ley de la gravedad, que no es una construcción cultural, ahora bien que los semáforos sean rojo, amarillo, verde... eso es una convención cultural, eso podría haber sido no sé, marrón, violeta y naranja... eso es arbitrario, la cultura tiene una dimensión arbitraria, la naturaleza objetiva.

De esta manera ya no existe ningún límite y si yo me puedo autopercibir sexualmente digamos como Agustina en vez de como Agustín y eso me habilita a decir yo soy una mujer y todos ustedes tienen que considerarme mujer empezando por el Estado y tiene que financiar mis hormonas… además, ¿qué me quita a mí no poder pensar me que soy un niño de cinco años encerrado en el cuerpo de un joven de 28? y esto que parece extremo ya ha pasado en Canadá:

  • Un señor de 56 años asegura ser una niña de cinco años encerrada en ese cuerpo. hasta ahí es un problema suyo, locos ha habido siempre, pero el problema pasa a ser de la sociedad cuando se legitima estatalmente y cuando a ese señor se le habilita ingresar en el kinder garden, es decir, a los jardines de infantes, pasa a ser un problema para los padres de la familias que mandan a sus hijos a ese jardín de infantes, ¿qué pasará cuando ese hombre de 56 años que asegura ser una niña de cinco se le despierte el apetito sexual y esté rodeado de otros niños de cinco años?,
  • Fíjense, si tiene estómago, en la página web de la Nambla (North American Man/Boy Love Association), es la Internacional pedófila más importante del mundo que tiene en los EEUU, tiene un montón de notas que tratan de normalizar y legitimar la pedofilia y esas notas están escritas en el lenguaje propio de lo que se llama el “enfoque de género”, están amparados por la filosofía de la ideología del género.
  • Fíjense lo que ha pasado en Holanda en el año 2006, nació el primer partido pedófilo un partido político cuyo único fin político es la legalización de la pedofilia.
  • En Holanda un grupo de sexólogos están pidiendo que la pornografía infantil sea producida por el Estado. Un grupo de feministas ya han firmado solicitadas públicas en favor de los sectores pedófilos de la población, lo mismo ha pasado con el partido verde.
  • Hace algún tiempo en España, una de las feministas más reconocidas de este momento, de las que más presencia pública tiene en los medios, llamada Lola Pérez, publica tweets preguntándose qué tiene de malo acaso querer tener una relación sexual con un bebé muerto, eso se pregunta Lola Pérez, una feminista radical de lo más encumbrada en España.
  • y en Suecia por ejemplo, el partido liberal está pidiendo que se legalice la necrofilia, es decir las relaciones sexuales con los muertos y que se legalice el incesto, es decir las relaciones sexuales con los parientes próximos, la mamá con el hijo, el papá con la hija y viceversa, con los hermanos etc, etc.
  • En Canadá se acaba de legalizar hace más o menos diez meses la zoofilia, es decir las relaciones sexuales con los animales, pero como ellos son muy progres y muy ambientalistas lo que se legalizó fue que la bestia penetra al hombre y no al revés.

La cultura de la muerte - Evangelium Viate


"Hoy este anuncio (el Evangelio de la Vida) es particularmente urgente ante la impresionante multiplicación y agudización de las amenazas a la vida de las personas y de los pueblos, especialmente cuando ésta es débil e indefensa. A las tradicionales y dolorosas plagas del hambre, las enfermedades endémicas, la violencia y las guerras, se añaden otras, con nuevas facetas y dimensiones inquietantes.

Ya el Concilio Vaticano II, en una página de dramática actualidad, denunció con fuerza los numerosos delitos y atentados contra la vida humana. A treinta años de distancia, haciendo mías las palabras de la asamblea conciliar, una vez más y con idéntica firmeza los deploro en nombre de la Iglesia entera, con la certeza de interpretar el sentimiento auténtico de cada conciencia recta: « Todo lo que se opone a la vida, como los homicidios de cualquier género, los genocidios, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas corporales y mentales, incluso los intentos de coacción psicológica; todo lo que ofende a la dignidad humana, como las condiciones infrahumanas de vida, los encarcelamientos arbitrarios, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; también las condiciones ignominiosas de trabajo en las que los obreros son tratados como meros instrumentos de lucro, no como personas libres y responsables; todas estas cosas y otras semejantes son ciertamente oprobios que, al corromper la civilización humana, deshonran más a quienes los practican que a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al Creador. 

4. Por desgracia, este alarmante panorama, en vez de disminuir, se va más bien agrandando. Con las nuevas perspectivas abiertas por el progreso científico y tecnológico surgen nuevas formas de agresión contra la dignidad del ser humano, a la vez que se va delineando y consolidando una nueva situación cultural, que confiere a los atentados contra la vida un aspecto inédito y —podría decirse— aún más inicuo ocasionando ulteriores y graves preocupaciones: amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias.

En la actualidad, todo esto provoca un cambio profundo en el modo de entender la vida y las relaciones entre los hombres. El hecho de que las legislaciones de muchos países, alejándose tal vez de los mismos principios fundamentales de sus Constituciones, hayan consentido no penar o incluso reconocer la plena legitimidad de estas prácticas contra la vida es, al mismo tiempo, un síntoma preocupante y causa no marginal de un grave deterioro moral. Opciones, antes consideradas unánimemente como delictivas y rechazadas por el común sentido moral, llegan a ser poco a poco socialmente respetables. La misma medicina, que por su vocación está ordenada a la defensa y cuidado de la vida humana, se presta cada vez más en algunos de sus sectores a realizar estos actos contra la persona, deformando así su rostro, contradiciéndose a sí misma y degradando la dignidad de quienes la ejercen. En este contexto cultural y legal, incluso los graves problemas demográficos, sociales y familiares, que pesan sobre numerosos pueblos del mundo y exigen una atención responsable y activa por parte de las comunidades nacionales y de las internacionales, se encuentran expuestos a soluciones falsas e ilusorias, en contraste con la verdad y el bien de las personas y de las naciones.

El resultado al que se llega es dramático: si es muy grave y preocupante el fenómeno de la eliminación de tantas vidas humanas incipientes o próximas a su ocaso, no menos grave e inquietante es el hecho de que a la conciencia misma, casi oscurecida por condicionamientos tan grandes, le cueste cada vez más percibir la distinción entre el bien y el mal en lo referente al valor fundamental mismo de la vida humana. (EV 3-4)

Hay amenazas que proceden de la naturaleza misma, y que se agravan por la desidia culpable y la negligencia de los hombres que, no pocas veces, podrían remediarlas. Otras, sin embargo, son fruto de situaciones de violencia, odio, intereses contrapuestos, que inducen a los hombres a agredirse entre sí con homicidios, guerras, matanzas y genocidios.

¿Cómo no pensar también en la violencia contra la vida de millones de seres humanos, especialmente niños, forzados a la miseria, a la desnutrición, y al hambre, a causa de una inicua distribución de las riquezas entre los pueblos y las clases sociales? ¿o en la violencia derivada, incluso antes que de las guerras, de un comercio escandaloso de armas, que favorece la espiral de tantos conflictos armados que ensangrientan el mundo? ¿o en la siembra de muerte que se realiza con el temerario desajuste de los equilibrios ecológicos, con la criminal difusión de la droga, o con el fomento de modelos de práctica de la sexualidad que, además de ser moralmente inaceptables, son también portadores de graves riesgos para la vida? Es imposible enumerar completamente la vasta gama de amenazas contra la vida humana, ¡son tantas sus formas, manifiestas o encubiertas, en nuestro tiempo!

11. Pero nuestra atención quiere concentrarse, en particular, en otro género de atentados, relativos a la vida naciente y terminal, que presentan caracteres nuevos respecto al pasado y suscitan problemas de gravedad singular, por el hecho de que tienden a perder, en la conciencia colectiva, el carácter de "delito" y a asumir paradójicamente el de "derecho", hasta el punto de pretender con ello un verdadero y propio reconocimiento legal por parte del Estado y la sucesiva ejecución mediante la intervención gratuita de los mismos agentes sanitarios. Estos atentados golpean la vida humana en situaciones de máxima precariedad, cuando está privada de toda capacidad de defensa. Más grave aún es el hecho de que, en gran medida, se produzcan precisamente dentro y por obra de la familia, que constitutivamente está llamada a ser, sin embargo, "santuario de la vida".

¿Cómo se ha podido llegar a una situación semejante? Se deben tomar en consideración múltiples factores.

  • En el fondo hay una profunda crisis de la cultura, que engendra escepticismo en los fundamentos mismos del saber y de la ética, haciendo cada vez más difícil ver con claridad el sentido del hombre, de sus derechos y deberes.
  • A esto se añaden las más diversas dificultades existenciales y relacionales, agravadas por la realidad de una sociedad compleja, en la que las personas, los matrimonios y las familias se quedan con frecuencia solas con sus problemas.
  • No faltan además situaciones de particular pobreza, angustia o exasperación, en las que la prueba de la supervivencia, el dolor hasta el límite de lo soportable, y las violencias sufridas, especialmente aquellas contra la mujer, hacen que las opciones por la defensa y promoción de la vida sean exigentes, a veces incluso hasta el heroísmo.


Todo esto explica, al menos en parte, cómo el valor de la vida pueda hoy sufrir una especie de "eclipse", aun cuando la conciencia no deje de señalarlo como valor sagrado e intangible, como demuestra el hecho mismo de que se tienda a disimular algunos delitos contra la vida naciente o terminal con expresiones de tipo sanitario, que distraen la atención del hecho de estar en juego el derecho a la existencia de una persona humana concreta.


  • 12. En efecto, si muchos y graves aspectos de la actual problemática social pueden explicar en cierto modo el clima de extendida incertidumbre moral y atenuar a veces en las personas la responsabilidad objetiva, no es menos cierto que estamos frente a una realidad más amplia, que se puede considerar como una verdadera y auténtica estructura de pecado, caracterizada por la difusión de una cultura contraria a la solidaridad, que en muchos casos se configura como verdadera "cultura de muerte". 
  • Esta estructura está activamente promovida por fuertes corrientes culturales, económicas y políticas, portadoras de una concepción de la sociedad basada en la eficiencia. Mirando las cosas desde este punto de vista, se puede hablar, en cierto sentido, de una guerra de los poderosos contra los débiles. La vida que exigiría más acogida, amor y cuidado es tenida por inútil, o considerada como un peso insoportable y, por tanto, despreciada de muchos modos. Quien, con su enfermedad, con su minusvalidez o, más simplemente, con su misma presencia pone en discusión el bienestar y el estilo de vida de los más aventajados, tiende a ser visto como un enemigo del que hay que defenderse o a quien eliminar. Se desencadena así una especie de "conjura contra la vida", que afecta no sólo a las personas concretas en sus relaciones individuales, familiares o de grupo, sino que va más allá llegando a perjudicar y alterar, a nivel mundial, las relaciones entre los pueblos y los Estados.


13. Para facilitar la difusión del aborto, se han invertido y se siguen invirtiendo ingentes sumas destinadas a la obtención de productos farmacéuticos, que hacen posible la muerte del feto en el seno materno, sin necesidad de recurrir a la ayuda del médico. La misma investigación científica sobre este punto parece preocupada casi exclusivamente por obtener productos cada vez más simples y eficaces contra la vida y, al mismo tiempo, capaces de sustraer el aborto a toda forma de control y responsabilidad social.

Se afirma con frecuencia que la anticoncepción, segura y asequible a todos, es el remedio más eficaz contra el aborto. Se acusa además a la Iglesia católica de favorecer de hecho el aborto al continuar obstinadamente enseñando la ilicitud moral de la anticoncepción. La objeción, mirándolo bien, se revela en realidad falaz.

En efecto, puede ser que muchos recurran a los anticonceptivos incluso para evitar después la tentación del aborto. Pero los contravalores inherentes a la "mentalidad anticonceptiva" —bien diversa del ejercicio responsable de la paternidad y maternidad, respetando el significado pleno del acto conyugal— son tales que hacen precisamente más fuerte esta tentación, ante la eventual concepción de una vida no deseada. De hecho, la cultura abortista está particularmente desarrollada justo en los ambientes que rechazan la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción.

Es cierto que anticoncepción y aborto, desde el punto de vista moral, son males específicamente distintos: la primera contradice la verdad plena del acto sexual como expresión propia del amor conyugal, el segundo destruye la vida de un ser humano; la anticoncepción se opone a la virtud de la castidad matrimonial, el aborto se opone a la virtud de la justicia y viola directamente el precepto divino "no matarás".

A pesar de su diversa naturaleza y peso moral, muy a menudo están íntimamente relacionados, como frutos de una misma planta. Es cierto que no faltan casos en los que se llega a la anticoncepción y al mismo aborto bajo la presión de múltiples dificultades existenciales, que sin embargo nunca pueden eximir del esfuerzo por observar plenamente la Ley de Dios. Pero en muchísimos otros casos estas prácticas tienen sus raíces en una mentalidad hedonista e irresponsable respecto a la sexualidad y presuponen un concepto egoísta de libertad que ve en la procreación un obstáculo al desarrollo de la propia personalidad. Así, la vida que podría brotar del encuentro sexual se convierte en enemigo a evitar absolutamente, y el aborto en la única respuesta posible frente a una anticoncepción frustrada.

Lamentablemente la estrecha conexión que, como mentalidad, existe entre la práctica de la anticoncepción y la del aborto se manifiesta cada vez más y lo demuestra de modo alarmante también la preparación de productos químicos, dispositivos intrauterinos y "vacunas" que, distribuidos con la misma facilidad que los anticonceptivos, actúan en realidad como abortivos en las primerísimas fases de desarrollo de la vida del nuevo ser humano.

14. También las distintas técnicas de reproducción artificial, que parecerían puestas al servicio de la vida y que son practicadas no pocas veces con esta intención, en realidad dan pie a nuevos atentados contra la vida. Más allá del hecho de que son moralmente inaceptables desde el momento en que separan la procreación del contexto integralmente humano del acto conyugal, 14 estas técnicas registran altos porcentajes de fracaso. Este afecta no tanto a la fecundación como al desarrollo posterior del embrión, expuesto al riesgo de muerte por lo general en brevísimo tiempo. Además, se producen con frecuencia embriones en número superior al necesario para su implantación en el seno de la mujer, y estos así llamados "embriones supernumerarios" son posteriormente suprimidos o utilizados para investigaciones que, bajo el pretexto del progreso científico o médico, reducen en realidad la vida humana a simple "material biológico" del que se puede disponer libremente.

Los diagnósticos prenatales, que no presentan dificultades morales si se realizan para determinar eventuales cuidados necesarios para el niño aún no nacido, con mucha frecuencia son ocasión para proponer o practicar el aborto. Es el aborto eugenésico, cuya legitimación en la opinión pública procede de una mentalidad —equivocadamente considerada acorde con las exigencias de la "terapéutica" — que acoge la vida sólo en determinadas condiciones, rechazando la limitación, la minusvalidez, la enfermedad.

Siguiendo esta misma lógica, se ha llegado a negar los cuidados ordinarios más elementales, y hasta la alimentación, a niños nacidos con graves deficiencias o enfermedades. Además, el panorama actual resulta aún más desconcertante debido a las propuestas, hechas en varios lugares, de legitimar, en la misma línea del derecho al aborto, incluso el infanticidio, retornando así a una época de barbarie que se creía superada para siempre.

15. Amenazas no menos graves afectan también a los enfermos incurables y a los terminales, en un contexto social y cultural que, haciendo más difícil afrontar y soportar el sufrimiento, agudiza la tentación de resolver el problema del sufrimiento eliminándolo en su raíz, anticipando la muerte al momento considerado como más oportuno.

En una decisión así confluyen con frecuencia elementos diversos, lamentablemente convergentes en este terrible final. Puede ser decisivo, en el enfermo, el sentimiento de angustia, exasperación, e incluso desesperación, provocado por una experiencia de dolor intenso y prolongado. Esto supone una dura prueba para el equilibrio a veces ya inestable de la vida familiar y personal, de modo que, por una parte, el enfermo —no obstante la ayuda cada vez más eficaz de la asistencia médica y social—, corre el riesgo de sentirse abatido por la propia fragilidad; por otra, en las personas vinculadas afectivamente con el enfermo, puede surgir un sentimiento de comprensible aunque equivocada piedad. Todo esto se ve agravado por un ambiente cultural que no ve en el sufrimiento ningún significado o valor, es más, lo considera el mal por excelencia, que debe eliminar a toda costa. Esto acontece especialmente cuando no se tiene una visión religiosa que ayude a comprender positivamente el misterio del dolor.

Además, en el conjunto del horizonte cultural no deja de influir también una especie de actitud prometeica del hombre que, de este modo, se cree señor de la vida y de la muerte porque decide sobre ellas, cuando en realidad es derrotado y aplastado por una muerte cerrada irremediablemente a toda perspectiva de sentido y esperanza. Encontramos una trágica expresión de todo esto en la difusión de la eutanasia, encubierta y subrepticia, practicada abiertamente o incluso legalizada. Esta, más que por una presunta piedad ante el dolor del paciente, es justificada a veces por razones utilitarias, de cara a evitar gastos innecesarios demasiado costosos para la sociedad. Se propone así la eliminación de los recién nacidos malformados, de los minusválidos graves, de los impedidos, de los ancianos, sobre todo si no son autosuficientes, y de los enfermos terminales. No nos es lícito callar ante otras formas más engañosas, pero no menos graves o reales, de eutanasia. Estas podrían producirse cuando, por ejemplo, para aumentar la disponibilidad de órganos para trasplante, se procede a la extracción de los órganos sin respetar los criterios objetivos y adecuados que certifican la muerte del donante.

16. Otro fenómeno actual, en el que confluyen frecuentemente amenazas y atentados contra la vida, es el demográfico. Este presenta modalidades diversas en las diferentes partes del mundo: en los Países ricos y desarrollados se registra una preocupante reducción o caída de los nacimientos; los Países pobres, por el contrario, presentan en general una elevada tasa de aumento de la población, difícilmente soportable en un contexto de menor desarrollo económico y social, o incluso de grave subdesarrollo. Ante la superpoblación de los Países pobres faltan, a nivel internacional, medidas globales —serias políticas familiares y sociales, programas de desarrollo cultural y de justa producción y distribución de los recursos— mientras se continúan realizando políticas antinatalistas.

La anticoncepción, la esterilización y el aborto están ciertamente entre las causas que contribuyen a crear situaciones de fuerte descenso de la natalidad. Puede ser fácil la tentación de recurrir también a los mismos métodos y atentados contra la vida en las situaciones de "explosión demográfica".

El antiguo Faraón, viendo como una pesadilla la presencia y aumento de los hijos de Israel, los sometió a toda forma de opresión y ordenó que fueran asesinados todos los recién nacidos varones de las mujeres hebreas (cf. Ex 1, 7-22). Del mismo modo se comportan hoy no pocos poderosos de la tierra. Estos consideran también como una pesadilla el crecimiento demográfico actual y temen que los pueblos más prolíficos y más pobres representen una amenaza para el bienestar y la tranquilidad de sus Países. Por consiguiente, antes que querer afrontar y resolver estos graves problemas respetando la dignidad de las personas y de las familias, y el derecho inviolable de todo hombre a la vida, prefieren promover e imponer por cualquier medio una masiva planificación de los nacimientos. Las mismas ayudas económicas, que estarían dispuestos a dar, se condicionan injustamente a la aceptación de una política antinatalista.

17. La humanidad de hoy nos ofrece un espectáculo verdaderamente alarmante, si consideramos no sólo los diversos ámbitos en los que se producen los atentados contra la vida, sino también su singular proporción numérica, junto con el múltiple y poderoso apoyo que reciben de una vasta opinión pública, de un frecuente reconocimiento legal y de la implicación de una parte del personal sanitario.

Como afirmé con fuerza en Denver, con ocasión de la VIII Jornada Mundial de la Juventud: « Con el tiempo, las amenazas contra la vida no disminuyen. Al contrario, adquieren dimensiones enormes. No se trata sólo de amenazas procedentes del exterior, de las fuerzas de la naturaleza o de los "Caínes" que asesinan a los "Abeles"; no, se trata de amenazas programadas de manera científica y sistemática. El siglo XX será considerado una época de ataques masivos contra la vida, una serie interminable de guerras y una destrucción permanente de vidas humanas inocentes. Los falsos profetas y los falsos maestros han logrado el mayor éxito posible ».15 Más allá de las intenciones, que pueden ser diversas y presentar tal vez aspectos convincentes incluso en nombre de la solidaridad, estamos en realidad ante una objetiva « conjura contra la vida », que ve implicadas incluso a Instituciones internacionales, dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. 

Finalmente, no se puede negar que los medios de comunicación social son con frecuencia cómplices de esta conjura, creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida." (EV 10-17)

martes, 8 de mayo de 2018

La cultura de la muerte

"Por el temor que tenemos a la muerte estamos sometidos a la esclavitud del demonio". (Hb 2, 14s)
El término "cultura" de la muerte se refiere a una mentalidad, a una manera de ver al ser humano y al mundo, que fomenta la destrucción de la vida humana más débil e inocente por parte de los más fuertes y poderosos, de los que tienen voz y voto. El término "cultura" de la muerte fue acuñado por el Papa San Juan Pablo II en su encíclica "Evangelium Vitae", publicada el 25 de marzo de 1995.

"En efecto, si muchos y graves aspectos de la actual problemática social pueden explicar en cierto modo el clima de extendida incertidumbre moral y atenuar a veces en las personas la responsabilidad objetiva, no es menos cierto que estamos frente a una realidad más amplia, que se puede considerar como una verdadera y auténtica estructura de pecado, caracterizada por la difusión de una cultura contraria a la solidaridad, que en muchos casos se configura como verdadera «cultura de muerte». Esta estructura está activamente promovida por fuertes corrientes culturales, económicas y políticas, portadoras de una concepción de la sociedad basada en la eficiencia. Mirando las cosas desde este punto de vista, se puede hablar, en cierto sentido, de una guerra de los poderosos contra los débiles. La vida que exigiría más acogida, amor y cuidado es tenida por inútil, o considerada como un peso insoportable y, por tanto, despreciada de muchos modos. Quien, con su enfermedad, con su minusvalidez o, más simplemente, con su misma presencia pone en discusión el bienestar y el estilo de vida de los más aventajados, tiende a ser visto como un enemigo del que hay que defenderse o a quien eliminar. Se desencadena así una especie de « conjura contra la vida », que afecta no sólo a las personas concretas en sus relaciones individuales, familiares o de grupo, sino que va más allá llegando a perjudicar y alterar, a nivel mundial, las relaciones entre los pueblos y los Estados". (San Juan Pablo II - Evangelium Vitae n12)

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Artículo "Qualifying the Culture of Death" - revista Catalyst - noviembre de 1995


Todo este debate sobre el feticidio y el infanticidio es, intelectualmente hablando, enormemente deshonesto: los que defienden el matar fetos e infantes saben bien en el fondo de sus conciencias lo que están aconsejando. Sin embargo, muy pocos aceptan el verdadero nombre que merece: matar a seres humanos inocentes. Por eso lo llaman "freedom of choice ("libertad para decidir").

En su Carta Encíclica Evangelium Vitae, el Papa Juan Pablo II alerta sobre lo que él llama la "libertad perversa", aquella que nos confiere "poder absoluto sobre los demás y en contra de los demás", y de la cual resulta, sigue diciendo, una "cultura de la muerte". La preocupación del Santo Padre nace de la realidad de que "grandes sectores de la opinión pública justifican ciertos crímenes contra la vida en nombre de la libertad individual". El origen de esta "libertad perversa" se encuentra en una concepción de la libertad que "exalta al individuo aislado de forma absoluta y no da cabida a la solidaridad ni a la apertura y el servicio hacia los demás". En resumen, el Santo Padre está diciendo que cuando un individualismo extremista se interpreta como libertad, el resultado es la "cultura de la muerte".

Puede ayudar a poner de manifiesto la asociación entre el individualismo extremista y la "cultura de la muerte" el considerar cómo el matar a niños todavía no nacidos mediante el aborto y aún a pequeños infantes está siendo justificado en nombre del concepto de libertad. Y qué mejor "ejemplo" de ello que oír a Francés Kissling, la astuta y engañadora anticatólica del grupo conocido como "Católicas por el Derecho a Decidir ("Catholics for a Free Choice"). Cuando Juan Pablo II expuso con toda claridad sus conceptos y su doctrina sobre el aborto, el infanticidio, la eutanasia, la pena de muerte, la ecología y la ingeniería biológica en Evangelium vitae, Kissling respondió diciendo que "lo que el Papa llama la ‘cultura de la muerte' es realmente la libertad humana, el ser libre para tomar decisiones basadas en la propia conciencia". Pero en realidad la idea que tiene Kissling sobre la libertad es "la libertad perversa", sobre la que el Papa nos advierte. Para Kissling, el destruir la vida de un ser inocente es "realmente la libertad humana", porque, dice ella, es una decisión "basada en la propia conciencia". Tal "lógica", por supuesto, pudiera usarse para justificar los asesinatos en serie y el genocidio, ambos presuntamente justificados por personas que toman decisiones "basadas en su propia conciencia". Considerar esto como "la verdadera libertad humana" muestra la degradación de la conciencia de Kissling y la objetividad de las preocupaciones del Papa.

Aquellos que consideran aconsejable el feticidio y el infanticidio saben en el fondo de sus conciencias la realidad de lo que están aconsejando, sus consecuencias y su calificación moral. De aquí que este debate haya terminado en algo tan intelectualmente deshonesto.

La Conferencia sobre la Mujer de las Naciones Unidas celebrada en Pekín (en 1995) y las reacciones que se produjeron en ella ofrecen abundantes evidencias de la deshonestidad a la que nos referimos. En las páginas del New York Times, apareció un anuncio presentado por una organización llamada "International Women's Health Coalition" ("Coalición Internacional para la Salud de las Mujeres"). Manifestando su interés por la Conferencia de Pekín, esta Coalición se declaraba decididamente partidaria del derecho al aborto al declarar que "nosotras nos aseguraremos de que en todos los programas y planes de acción que afecten nuestra salud se tenga en cuenta el mantener la integridad de las funciones reproductivas y sexuales y el derecho de acceso a las mismas". Inmediatamente después de declarar su apoyo al aborto, la organización denuncia amargamente el hecho de que "100 millones de mujeres no están vivas hoy debido a la discriminación que conduce a la mala nutrición, a la atención médica deficiente y a la selección prenatal basada en el sexo del feto".

Hacemos notar la selectividad de la preocupación sobre la "selección prenatal basada en el sexo del feto". Evidentemente las damas miembros de la Coalición Internacional para la Salud de las Mujeres están justamente irritadas por la práctica frecuente en algunas naciones del tercer mundo de matar fetos en la matriz en cuanto se determina que son precisamente fetos femeninos. Es extraña, sin embargo, la preocupación por estos casos, ya que, para ellas, la vida humana no existe antes del nacimiento, como lo han afirmado repetidamente en su defensa del aborto en general.

El 16 de septiembre de 1995, un editorial del New York Times se hizo eco de la misma preocupación cuando, al aprobar el documento final de Pekín, llamaba la atención sobre la "discriminación contra las niñas aún antes de su nacimiento en algunos países del mundo". Una vez más, los que afirman que los abortos no privan de la vida a inocentes seres humanos de momento cambian su opinión cuando se trata de un feto femenino. Pero, ¿no han repetido que es sólo un pedacito de tejido y no un ser vivo lo que se desecha en el aborto? Y también, si los abortos producen una reducción del índice de la natalidad y disminuye la población de algunos países, como recomiendan los que están a favor del aborto, ¿por qué este criterio no se aplica a todos los abortos, incluyendo el aborto de fetos femeninos?

No es solamente el sexismo lo que el movimiento proaborto está recomendando, es más bien el homosexismo de lo que hablan. De acuerdo con una última moda ideológica, es distinto matar un feto heterosexual (o por lo menos uno que es masculino) y otra hacer lo mismo con un feto homosexual. Si este enfoque parece una locura considere lo siguiente. En 1994, yo estaba mirando un "show" que moderaba Tom Snyder. Dos homosexuales estaban siendo entrevistados y hablaban sobre los derechos de los homosexuales, etc. Yo no prestaba mucha atención hasta que la discusión trató sobre la posibilidad de que pudiera encontrarse un gen que determinara la homosexualidad. Admitiendo que la existencia de este gen se prestaba a discusión, todos los participantes expresaron su preocupación sobre lo que pudiera suceder, si el gen homosexual realmente pudiera ser detectado antes del nacimiento. ¿Llevaría esto a muchos padres a decidirse por un aborto, si ellos supieran que tendrían un hijo homosexual y no sería esto realmente horripilante?

Según parece, esto de estar abortando fetos homosexuales posiblemente nunca suceda en la realidad. Sin embargo, en febrero de l994, el científico que descubrió una posible indicación genética de la homosexualidad masculina afirmó que si se encontrara ese gen, él reclamaría la patente para su uso y que "no permitiría su uso en la amniocentesis" para el diagnóstico prenatal. Sorprendente, ¿verdad?

Así son las cosas y la gente proaborto se estremeció al pensar que pudieran desaparecer los homosexuales. Por supuesto, no sería muy bien recibido por los heterosexuales el hecho de que la "acción afirmativa" entraría en el útero. Pero la realidad es que aún aquellos que favorecen el aborto, están empezando a preocuparse por estas posibilidades. Ante estos hechos, si los que defendemos toda vida humana inocente, y por ello nos oponemos al aborto, solamente pudiéramos convencer a los activistas proaborto de que todo ser humano no nacido pudiera ser niña u homosexual, posiblemente se acabarían todos los abortos.

La Iglesia Católica afortunadamente no le está haciendo compañía al movimiento extremista a favor de los animales. Basándose en la Biblia, la doctrina católica comparte el derecho de los seres humanos de ejercer dominio sobre los animales. Es cosa sabida que muchos de aquellos que quieren proteger de su exterminio a todos los animales, por lo general no tienen problema con aceptar la muerte de los niños que todavía no han nacido. Ingrid Newkirk, co-fundadora y Presidenta de "Personas a favor del Trato Ético de los Animales" (PETA, por sus siglas en inglés) una vez resumió los sentimientos de su grupo diciendo "Una rata es un cerdo, es un perro, es un niño". ¿No se pondría usted nervioso si su hijo pequeño fuera invitado a cenar a casa de Newkirk?

Cada primavera, a los residentes de Stuart, Estado de la Florida, Estados Unidos, se les advierte de que las tortugas Loggerhead son una especie en peligro de extinción y de que el que moleste su nidal está violando la ley. Pero no son solamente estos animales a los que se les ha otorgado una protección especial, aún aquellos animales cuyo peligro de extinción ha disminuído (por ejemplo, el Águila Calva) tienen también sus nidos protegidos por la ley. Esto es otra siniestra característica de la "cultura de la muerte": que a la reproducción de los seres humanos se les conceda mucho menos protección que la que se les ofrece a los animales.

Desgraciadamente muchos proabortistas muestran mucho más interés en preservar pájaros y tortugas, que en preservar la vida de los niños. Y no estamos hablando ni siquiera de niños con anormalidades congénitas (a quienes tampoco se debe abortar, por supuesto). En 1995, salió a la luz publica que el repulsivo "aborto por nacimiento parcial", que a todos horroriza, se ha estado practicando más frecuentemente en niños normales y madres saludables, que en fetos anormales y madres en peligro, como se pretendía hacer creer.

El fundador del movimiento a favor de los "derechos" de los animales es un filósofo australiano, llamado Peter Singer. En un libro que escribió en la década del 70, titulado Animal Liberation, Singer afirmó que algunos animales son más sensibles al dolor que los fetos y que por lo tanto la sociedad les debe dar el reconocimiento que merecen.

Este mismo autor admitió en l980 que el movimiento Pro vida tiene razón al afirmar que si se acepta el feticidio (el aborto), moralmente se pudiera justificar también el infanticidio. Después de todo, según Singer, no habría moralmente diferencia alguna entre matar a un niño en el útero materno y matar a otro niño fuera del mismo. Pero "la solución", como él la llamaba, era "el abandonar la idea de que toda vida humana tiene igual valor" (como afirma el movimiento Pro vida), para luego llegar a la perversa conclusión de que si era lícito matar a niños antes de nacer, también sería lícito el hacerlo después de su nacimiento. No sólo Singer abriga estas infames conclusiones. También el "teólogo" Joseph Fletcher dijo una vez que los infantes podían ser muertos con toda propiedad si no satisfacían sus quince "indicadores de personalidad humana" (una de los cuales era el cociente de inteligencia). Un recién nacido no era propiamente "una persona", sino solamente una "vida humana". Es tristemente interesante hacer notar que Fletcher había ganado previamente el premio del Humanista del Año.

El Dr. Watson fue el científico que descubrió la clave del código genético en el ADN y que fue galardonado con el Premio Nóbel por sus investigaciones. Por ello es sorprendente y triste a la vez que, en 1970, este mismo científico, refiriéndose a niños con defectos congénitos, tuvo la infame opinión de que "si a un niño no se le declarara vivo hasta el tercer día después de su nacimiento, a sus padres se les pudiera permitir tomar una decisión: ...el doctor pudiera dejar morir al niño, si los padres así lo decidían".

El filósofo Michael Tooley dio un paso todavía más atrevido cuando formuló el argumento de que para tener derecho a la vida era necesario poder desear continuar viviendo, y esto a su vez necesitaba la existencia de lo que se conoce como autoconciencia, la cual no posee ningún recién nacido. Así se le dió un nuevo giro al ideal de Thomas Jefferson en nuestra Constitución en relación con los derechos inalienables de la persona humana: no puede haber derechos humanos mientras los seres humanos no se consideren a sí mismos como entes separados, con un pasado y un futuro. Esta concepción, compartida por la historiadora Maria Ana Warren, es un asalto a la doctrina natural de los derechos humanos que ha dado forma tanto a la tradición católica como a la estadounidense.

No es de extrañar que la Iglesia Católica sea en estos momentos en nuestra sociedad el blanco preferido de tantos ataques. Con la autoridad de sus 2,000 años de existencia ha defendido la dignidad de la persona humana. Ahora la defiende de esta "cultura de la muerte" que hemos tratado de definir en este artículo. A diferencia de sus adversarios, la Iglesia Católica no cambia sus enseñanzas ni sus doctrinas para complacer ideologías y tendencias que están de moda, o por motivos egoístas de popularidad o supervivencia. Los que promueven la "cultura de la muerte" saben que la Iglesia Católica es su enemigo y por ello continúan sus virulentos ataques contra ella. Pero precisamente por todas esas razones es que este es uno de los mejores momentos para sentirse orgulloso de ser católico.

Aborto - Emiliano Jiménez


Emiliano Jiménez Hernández - Bioética


ABORTO

            El aborto hoy se encuentra ampliamente difundido y regulado en la mayoría de las legislaciones nacionales. En nombre de la salvaguardia de las necesidades de los ya nacidos, del deseo, de la salud o de la libertad de la madre o de ambos progenitores, el hombre se arroga el derecho de interrumpir una vida humana. Las limitadas relaciones nuestras con ese pequeño ser humano, que ya ha tomado cuerpo en nuestra humanidad, ¿nos da derecho a decidir sobre su vida o muerte? Destruyendo el niño en el seno materno, ¿no destruimos algo fundamental en nuestras relaciones humanas?

1. ACLARACIONES PRELIMINARES

            Se entiende por aborto la interrupción del embarazo cuando el feto no es viable, es decir, cuando no puede subsistir fuera del seno materno.

Se llama aborto espontáneo cuando la interrupción del embarazo acaece por causas naturales, sin la libre intervención humana.

Y se llama aborto provocado al que se debe a la intervención libre del hombre; la moral sólo se ocupa de este aborto procurado por la libertad humana.

            En el vocabulario biológico, los términos cigoto, pre-embrión, embrión y feto indican estadios sucesivos en el desarrollo del ser humano. Ya desde el momento de la fertilización, con la fusión del óvulo y el espermatozoide, se forma el cigoto, un ser humano nuevo, que se llama pre-embrión hasta la anidación en el útero materno; desde la primera semana, en que se da la anidación, hasta el segundo mes, se le llama embrión. A partir del segundo mes se le considera feto.
En biología se da también importancia al momento de la aparición de la corteza cerebral hacia el 14º día.

Esta distinción terminológica, en el campo moral, tiene poca importancia, pues el ser humano comienza su vida desde la fecundación.

            La fe cristiana afirma sin ambages que la vida humana ha de ser respetada con todas las exigencias éticas de ser personal desde la fecundación. La constitución Gaudium et spes lo expresa abiertamente: "la vida humana desde su concepción ha de ser salvaguardada con  máximo cuidado" (n.51). Y con precisión total lo confirma la Congregación para la Doctrina de la Fe en su Declaración sobre el aborto provocado:
El respeto a la vida humana se impone desde que comienza el proceso de la generación. Desde el momento de la fecundación del óvulo, se inicia una vida que no es del padre ni de la madre, sino de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. No llegaría nunca a ser humano si no lo fuese ya en aquel momento.(n.12)

                Esta afirmación clara es confirmada por la misma ciencia genética, como reconoce la misma declaración:
La ciencia genética aporta preciosas confirmaciones. Ella ha demostrado que desde el primer instante queda fijado el programa de lo que será este ser viviente; a saber, un hombre y un individuo, provisto ya de todas sus notas propias y características. Con la fecundación ha comenzado la maravillosa aventura de una vida humana, cada una de cuyas capacidades exige tiempo para ponerse a punto y estar en condiciones de actuar.(n.13)

                Con la fecundación del óvulo por un espermatozoide se inicia una vida humana; de dicha unión no se origina una vida que, una vez desarrollada, nos dé un elefante o una merluza, sino un ser humano, una persona humana. El proceso de fertilización marca la existencia de una realidad distinta de los progenitores, con toda la dotación cromosómica propia y con capacidad de autodesarrollo. Ya en el momento de la fecundación, con la fusión de los gametos, aparece un genotipo distinto del del padre y del de la madre, con posibilidad de autodesarrollo homogéneo.

El óvulo fecundado, por tanto, no pertenece a la madre como un tejido o un órgano de ella; el embrión o feto no es "carne" o "cosa" de la madre. Esa vida biológicamente distinta de la de la madre es única e irrepetible, con mecanismos internos propios; el proceso de desarrollo y crecimiento es ordenado no por la madre, sino por el propio embrión. De aquí que la vida humana merezca todo el respeto desde el momento de la fecundación.

            El segundo momento es el de la segmentación, proceso mediante el cual se realiza el fenómeno de la individuación en el caso de los gemelos.

La implantación o anidación en el útero y la posterior aparición de la corteza cerebral no son más que momentos del desarrollo de la vida humana comenzada en la fecundación. La actividad cerebral presupone la estructura cerebral ya presente antes de empezar su funcionamiento. No se puede argumentar con la analogía de la muerte: la desaparición de toda actividad de la corteza cerebral marca el final de la vida biológica, ya que se verifica ahí la condición de irreversibilidad, pero la aparición del funcionamiento cerebral no marca el comienzo de la vida, ya que tal funcionamiento está exigido previamente.[1]
            Como dicen los Obispos españoles en su Nota sobre el aborto:
El proceso embrionario es un proceso continuo en el que, desde el principio, estamos ya ante una realidad humana... Aunque pudiera opinarse que en la primera fase del proceso embrionario no existiera aún persona humana, sin embargo, nos encontramos ya desde el comienzo del mismo por lo menos con una individualidad genética -distinta y diferenciada de la de los padres- intrínsecamente orientada a la constitución de una persona humana, que origina un derecho fundamental a la vida.(n.2)

                El primer dato indiscutible, puesto hoy en evidencia por la genética y de un modo palpable por la FIVTE (Fertilización In Vitro y Transferencia Embrionaria), es el hecho de que desde el primer momento de la fecundación nos hallamos ante un nuevo ser. Este nuevo ser tiene en sí el proyecto de su vida, que realiza por sí mismo y no por la madre. El niño, desde el momento de su concepción, es el arquitecto que desarrolla el proyecto interno de su ser. Negar al embrión el papel de protagonista, como hacen quienes le llaman pre-embrión con la finalidad de descalificarlo y justificar el aborto antes de la anidación, es una violación de la verdad objetiva y, además, anticientífico.

            Aún cuando, en sus primeros estadios, no sea reconocible la figura humana, ya se dan en el embrión cientos de miles de células musculares que hacen pulsar un corazón; ya se dan decenas de millones de células nerviosas ensambladas en circuitos, que se disponen a formar el sistema nervioso de una persona determinada, singular y concreta. El hombre, que aparecerá al final, está ya germinal o genéticamente presente desde el comienzo, incluso en sentido individual.

            En todas estas fases, la biología muestra una concatenación de procesos vitales determinados por el código genético constituido en el momento de la fecundación. El desarrollo gradual de los órganos y de las formas externas no constituyen el principio de la vida humana, sino su manifestación. Toda intervención que destruya una vida comenzada es, por tanto, matar una vida humana. Entre el feto y el niño nacido no existe ninguna diferencia sustancial.

            Es inaceptable, por otro lado, la concepción reduccionista del concepto de alteridad aplicado a la persona humana, que exige para ser considerado persona el ser aceptado por los demás. La alteridad, en una genuina interpretación de la filosofía personalista, no es una aceptación o relación que se puede dar o quitar al ser humano. Ya la misma existencia de la persona exige ser respetada y aceptada como tal persona por las otras personas.[2]

            El embrión, desde su concepción, en cuanto ser humano, es ya objeto particular del amor de Dios, que no llama a nadie en vano a la vida, como piensan los impíos:

Los impíos con las manos y las palabras llaman a la muerte; teniéndola por amiga, se desviven por ella... Porque se dicen: "Corta es y triste nuestra vida;... por azar llegamos a la existencia y luego seremos como si nunca hubiéramos sido..." (Sb 1,16-2,1ss)

                Dios es un Padre que ama la vida y no olvida a nadie que haya llamado a la existencia:
Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues si algo odiases, no lo hubieras creado. Y ¿cómo podría subsistir cosa alguna que no hubieses querido? ¿Cómo se conservaría si no la hubieses llamado? (Sb 11,24)


2. INDICACIONES O MOTIVACIONES DEL ABORTO

            El aborto procurado se suele catalogar según las motivaciones o indicaciones que llevan a la “interrupción voluntaria del embarazo”. Aunque no hay total unanimidad entre los autores, comúnmente se distinguen los siguientes tipos:  
    
            a. Aborto terapéutico

            Se habla de aborto terapéutico cuando la continuación del embarazo pone en peligro la vida de la mujer gestante. Esta terminología es impropia, pues no se trata de terapia. La intervención no se orienta a la curación de una enfermedad. Con el aborto no se pasa de la enfermedad a la salud, sino que se efectúa una acción sobre el feto sano para prevenir una enfermedad o el riesgo de muerte de la madre. Se podría hablar de aborto terapéutico en el caso de la extirpación necesaria e inaplazable de un tumor del útero que indirectamente comportase la muerte del feto.
            En realidad, el llamado aborto terapéutico -interrupción del embarazo ante el peligro que supone para la vida o salud de la madre-, en la actualidad, carece de toda significación. En épocas pasadas esta situación se daba con cierta frecuencia. Pero hoy, gracias a los progresos de la medicina, esta situación es excepcional; sólo se puede presentar el peligro para la madre en el embarazo ectópico, es decir, cuando el embarazo no tiene lugar en la matriz, sino en las trompas u ovarios.
            Y en los casos en que, por las condiciones precarias de salud de la madre, el embarazo supone un peligro de agravamiento de la enfermedad, la verdadera terapia es la que se dirige a eliminar directamente la enfermedad sin lesionar la vida del feto.[3] El deber del médico en estos casos es el de sostener la vida de la madre y la vida del niño, prestando todos los medios terapéuticos posibles a ambos. Entre estos medios nunca puede incluirse el de dar la muerte a ninguno de los dos, pues matar no es un acto ni médico ni terapéutico. La vida humana puede terminar, pero no puede ser directamente suprimida por ningún motivo, ni siquiera para salvar otras vidas.
            Últimamente se quiere ampliar el concepto de aborto terapéutico también a los casos en que el embarazo suponga complicaciones psíquicas para la madre. Es algo incomprensible cómo se pueda sugerir la eliminación de una persona no deseada para defender el equilibrio psíquico de alguien.

            b. Aborto eugenésico

            Se llama aborto eugenésico al aborto procurado cuando existe el riesgo o la certeza de que el nuevo ser nazca con anomalías o malformaciones congénitas. (Impropiamente, en medicina se le llama a veces terapéutico).

            La diagnosis prenatal permite hoy conocer en el seno materno las malformaciones del feto. Se suelen usar dos técnicas para ello: la amniocentesis o análisis del líquido amniótico, en el que se encuentra inmerso el feto; este análisis permite diagnosticar enfermedades cromosomáticas, como el Síndrome de Down (mongolismo). La segunda técnica es la ecografía, en la que mediante ultrasonidos puede visibilizarse el feto y, así, diagnosticar malformaciones como la hidrocefalia o microcefalia...
            La diagnosis prenatal permite, a veces, curas adecuadas del hijo o de la madre, evitando posteriores sufrimientos. Gracias a este diagnóstico precoz, los padres pueden quizás prepararse mejor para superar las dificultades psicológicas o espirituales  que supone la acogida de un hijo minusválido. A otros, obsesionados por el miedo a tener un hijo “subnormal”, la diagnosis prenatal les calmará, quitándoles los temores infundados, liberando al mismo tiempo al hijo de las consecuencias que esa angustia hubiese tenido para él. A algunos padres, incluso, la diagnosis prenatal les librará del recurso al aborto.
            Sin embargo, como ya queda dicho, en la actualidad, la diagnosis prenatal y la perspectiva del aborto se hallan estrechamente vinculadas. Hay médicos que se niegan a realizar esta diagnosis si los padres no dan antes su consentimiento al aborto en el caso de que se descubra una malformación en el embrión. Se parte, pues, de la idea de que el niño minusválido no tiene derecho a la vida, que se le ha transmitido. El Episcopado español, en su declaración Actitudes morales y cristianas ante la despenalización del aborto, contestaba esta visión:
Cualquier ser humano, tanto más cuanto más necesitado y desvalido se encuentre, tiene en sí la grandeza de haber sido creado por Dios a su imagen y semejanza para desarrollarse libremente en el mundo y alcanzar la plenitud en la vida eterna.(n.3, del 28-6-1985)

                La presencia de una malformación o minusvalía no puede equivaler a una sentencia de muerte, sino todo lo contrario: exige, en nombre de la dimensión social de toda persona, una tutela, protección y ayuda especial.
Hoy estamos ante una "cultura de muerte", portadora de una concepción de la sociedad basada en la eficacia. Mirando las cosas desde este punto de vista, se puede hablar de una guerra de los poderosos contra los débiles. La vida que exigiría más acogida, amor y cuidado es tenida por inútil, o considerada como un peso insoportable y, por tanto, despreciada de muchos modos. Quien, con su enfermedad, con su minusvalidez o, más simplemente, con su misma presencia pone en discusión el bienestar y el estilo de vida de los más aventajados, tiende a ser visto como un enemigo del que hay que defenderse o a quien eliminar. Se desencadena así una especie de conjura contra la vida (EV 12).
En semejante contexto el sufrimiento, elemento inevitable de la existencia humana, aunque también factor de posible crecimiento personal, es "censurado", rechazado como inútil, más aún, combatido como mal que debe evitarse siempre y de cualquier modo... El criterio de la dignidad personal -el del respeto, la gratuidad y el servicio- se sustituye por el criterio de la eficiencia, la funcionalidad y la utilidad. Se aprecia al otro no por lo que "es", sino por lo que "tiene, hace o produce". Es la supremacía del más fuerte sobre el más débil (EV 23).

                c. Aborto sentimental

            Así se llama en Perú, pero este tipo de indicación, que califica al aborto, recibe otros muchos nombres, todos ellos impropios, como "aborto humanitario" o "aborto ético". Se trata del aborto procurado cuando el embarazo ha sido consecuencia de una acción violenta, como la violación. También se da este nombre cuando el embarazo es fruto de relaciones incestuosas, con menores de edad o con deficientes mentales. Se trata, en definitiva, de una violación.
            El embarazo, fruto de una violación, supone una situación anómala, pues el hijo no es fruto del amor, sino de la violencia. Pero el menos culpable es el hijo engendrado. No es él quien debe morir, ciertamente. Por otra parte, hay que decir que esta situación no es frecuente; se dan muy pocos casos de fecundación por violación. Y siempre, en caso de darse, queda la alternativa realmente humanitaria y ética de la adopción del hijo concebido y alumbrado sin que la madre lo deseara.



            d. Aborto psicosocial

            Se denomina aborto psicosocial al aborto procurado cuando el embarazo resulta no deseado por motivos de carácter social o psíquicos. Bajo esta indicación caben infinidad de situaciones: problemas económicos, de vivienda, embarazos en mujeres solteras o como consecuencia de relaciones extraconyugales, motivos psicológicos en la mujer, como temor al embarazo o al parto... Es la panacea de los abortistas. En realidad, las indicaciones psicosociales son la causa más frecuente del número de abortos provocados en el mundo.
            El número elevado de abortos provocados -se calculan alrededor de 50 millones al año-, que crece con la legitimación legal en la mayoría de los países en los últimos años, y la poca importancia de las razones que sirven de justificación, ponen de relieve el oscurecimiento del valor de la vida en gestación. Con razón se puede hablar de nuestra sociedad como de una sociedad abortista y de nuestra cultura como cultura de muerte.
            El hecho de que se tienda a considerar el aborto como un logro necesario o al menos como solución para determinadas situaciones conflictivas, nos obliga a descubrir y combatir las causas reales de la existencia del aborto voluntario, sea legal o clandestino, castigado o permitido, clínico o privado, ya que la anunciada "píldora abortiva" podría trasladar al ámbito doméstico lo que hasta ahora requiere una intervención médica. Al respecto, el doctor francés Jerome Lejeune, refiriéndose a la píldora Ru486, a la que aluden los obispos españoles, escribe:
Me avergüenzo de mi país, el país de Pascal, que hoy difunde como medicamento el primer pesticida anti-humano de la historia, la primera píldora que no tiene otra finalidad que la de suprimir la vida... Nos hallamos ante el primer preparado químico, cuyo porcentaje de éxito se mide en vidas suprimidas.

3. FACTORES QUE LLEVAN AL ABORTO

            Los factores que han llevado a nuestra sociedad a esta cultura de muerte son muchos.[4] En primer lugar  está la creciente permisividad sexual y la correspondiente banalización de la sexualidad, reducida a la búsqueda egoísta del placer. Esta permisividad va acompañada de la creciente aceptación social del aborto. Es innegable que el número tiene una gran incidencia en la sensibilidad de las personas; la multiplicación numérica de los abortos hace que ya no sea un hecho tan chocante.
            El recurso al aborto es con frecuencia fruto de un abuso puramente egoísta, alienante e irresponsable de la sexualidad, ejercida incluso de manera prepotente y aún violenta, especialmente por parte del varón. Dentro de esta mentalidad surge la reivindicación del aborto por parte de algunas mujeres para poder disfrutar de su cuerpo en las mismas condiciones que los varones. El error de estas reivindicaciones está en dar por buena una visión de la sexualidad que degrada a quien la acepta, tanto al varón como a la mujer (Actitudes... 12).
            La legalización del aborto no hace más que aumentar esta mentalidad abortista. La permisividad legal, en concomitancia y consecuencia de una sociedad permisiva, contribuye a la aceptación del aborto; es algo casi inconsciente el razonamiento de muchas personas: si el aborto es lícito legalmente, ¿por qué no es lícito moralmente?
            En todas partes donde se ha legalizado el aborto se ha constatado que la ley no ha eliminado los abortos clandestinos, finalidad que alegan siempre los propulsores de su legalización. Más bien, la ley abortista ha aumentado los abortos ilegales. La clandestinidad no depende sólo ni primeramente del temor a la pena que pueda infligir el Estado; las motivaciones son otras, como el secreto familiar y social que la ley no puede tutelar en casos de concepciones por adulterio o en embarazos de mujeres sin casar y jovencísimas. Además, como dice E. Sgreccia, una vez admitido por la ley que una persona puede abortar a la luz del sol, no se entiende por qué no se va a poder hacer la misma cosa en el secreto de un ambulatorio o de una casa, si se prescinde del valor moral.

            El progreso técnico, por su parte, coopera eliminando los riesgos de las intervenciones abortistas; la facilidad técnica del aborto le despoja de ciertos dramatismos y así reduce su impacto psicológico negativo:
Para facilitar la difusión del aborto, se han invertido y se siguen invirtiendo ingentes sumas destinadas a la obtención de productos farmacéuticos, que hacen posible la muerte del feto en el seno materno, sin necesidad de recurrir a la ayuda del médico. La misma investigación científica sobre este punto parece preocupada casi exclusivamente por obtener productos cada vez más simples y eficaces contra la vida y, al mismo tiempo, capaces de sustraer el aborto a toda forma de control y responsabilidad social (EV 13).

                Añádase a esto los intereses políticos y económicos de determinados grupos, que manipulan a los demás con miedos demográficos o ecológicos, induciendo a la práctica del aborto.[5] En relación a los países pobres, los países superdesarrollados, en lugar de ofrecerles una ayuda desinteresada para resolver los problemas de miseria, imponen con crueldad inhumana la drástica reducción de la natalidad con anticonceptivos primero y con el aborto después.[6]
            Los medios de comunicación, mass-media, se ofrecen como difusores de esta cultura de moda: "Los medios de comunicación social son con frecuencia cómplices de esta 'conjura contra la vida', creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida" (EV 17).
           
Esta servidumbre a la cultura de moda se manifiesta en la pseudo-emancipación de la mujer, que se siente más libre manejando robots -ordenadores, calculadoras, etc- que siguiendo el crecimiento único y original de cada hijo o que proclaman su derecho a abortar libremente en nombre del dominio sobre el propio cuerpo.
Es un hecho que buen número de abortos provienen de mujeres casadas. Puede influir en ello una mentalidad excesivamente consumista que valora más las comodidades y el bienestar que la vida de un nuevo hijo.(Actitudes 14)

                Los mecanismos que están favoreciendo el aumento creciente de abortos, alegando las más fútiles motivaciones, se podrían multiplicar. Baste, para terminar, una última de enorme influencia.  Nuestra sociedad idolatra la vida sana, fuerte, joven en su dimensión puramente física. Dentro de esta mentalidad se hace casi imposible la aceptación de un ser con disminuciones físicas o psíquicas. Los temores a tener un hijo “subnormal” crean un clima emocional particularmente propicio para el aborto...
            Pero, como proclama la Comisión Permanente del Episcopado Español, "la calidad humana de una sociedad se mide, entre otras cosas, por el grado de acogida que mantiene y el trato que da a sus miembros más débiles y disminuidos física y mentalmente. El camino de la eliminación es el camino de la crueldad y de la degradación" (Actitudes... 15). Y podemos añadir que aprobar el asesinato de una persona inocente lesiona el valor que sustenta como fundamento a la misma sociedad. 
            Otras razones, que suelen aducirse para justificar la legalización del aborto, como la autonomía de la mujer, la libertad de conciencia o la convivencia pacífica de las diversas opciones personales, son tan sinrazones o irracionales que no merecen que se las tenga en cuenta. Si la autonomía, libertad o convivencia pacífica (?) nos llevan a dar muerte a un niño inocente, ¿cómo garantizar la vida de los ancianos, de los impedidos, de los deficientes mentales, de los miembros de otra raza, de los disidentes políticos o de cualquier enemigo? Con razón la madre Teresa de Calcuta ve en la legalización del aborto la semilla de la próxima guerra mundial.[7]
            La supresión efectiva de la persona es la culminación de la violencia, que comienza con la descalificación y descrédito de la víctima. No se mata si previamente no se ha desacreditado a la victima. Desde la patológica autoestima de salvador mesiánico de la humanidad, el violento mata a los que él previamente a descalificado, como ocurre en el aborto, calificando al niño de "material biológico", "proyecto humano", "vida sin valor"...

            La inviolabilidad de la vida humana hace irrelevante el momento en que se encuentre el feto o embrión en su desarrollo. Dos días, quince días o tres meses no cambia nada. Esté anidado, con la aparición de la corteza cerebral o con la formación somática no cambia la valoración moral del aborto.

Cuando la vida humana pierde su valor de persona se mata al niño no deseado en el seno de la madre, al niño nacido con malformaciones, al joven que con su delincuencia rompe la tranquilidad burguesa, al emigrante de otra raza que llega a "robar" el puesto de trabajo, al adulto que, con una enfermedad crónica, se vuelve un peso para la familia y para la sociedad, y al anciano improductivo y molesto. Y así se cierra el círculo de muerte: madres abortistas engendran hijos eutanasistas.

4. VALORACIÓN MORAL DEL ABORTO

            La tradición de la Iglesia, a través de los siglos, es constante y unánime en la condena del aborto. La Iglesia expresa hoy su doctrina en una formulación que se ha ido precisando con el correr del tiempo. Si bien entre los moralistas se dan ciertas discrepancias, a nivel episcopal la postura de la Iglesia con relación al aborto es unánime. La condena del aborto aparece como un servicio indiscutible e incondicional a la vida. Establece unos criterios objetivos de protección de la vida, considerando la fecundación como momento inicial de ella. De esta forma, la valoración de la vida del embrión queda protegida de todo subjetivismo, como gustos, costumbres, manipulaciones y arbitrariedades que de otro modo amenazan la vida incipiente.
            En este punto, la unanimidad de la tradición de la Iglesia es universal desde sus comienzos. Frente a la práctica del aborto en el mundo greco-romano, los primeros cristianos afirmaron de modo taxativo e inequívoco el respeto de la vida humana en el seno de la madre. Así aparece explícitamente en la Didaché o Doctrina de los doce apóstoles, en el siglo primero. Atenágoras, en la Legatio pro christianis (año 177 aproximadamente), presenta el respeto de la vida humana en el seno materno como característica que distingue a los cristianos de los demás. Tertuliano, en el Apologeticum (año 197), dice que impedir el nacimiento es un homicidio anticipado. San Basilio el Grande, en la primera Carta a Anfilochio (año 374) dice claramente que no se debe andar con sutiles disquisiciones acerca de si el feto está formado o no; a quien comete un aborto se le ha de imponer la penitencia correspondiente al homicidio...[8]
            La inmoralidad del aborto, en cuanto violación positiva y directa del derecho a vivir del ser humano, incluye la inmoralidad  de la cooperación a su realización. La cooperación puede ser física, ayudando de hecho a realizar la acción abortiva; o moral, por ejemplo, induciendo o aconsejando la misma. No sólo quien realiza el aborto, sino quien coopera directa y formalmente en su ejecución, comete una transgresión grave del orden moral...
            La Iglesia, movida por el deseo de proteger la vida de los no nacidos y tratando de fortalecer la conciencia de los católicos en este punto, considera excomulgados a quienes procuran un aborto, si éste llega a realizarse. Esta excomunión es una pena impuesta por la Iglesia para subrayar la gravedad de una acción por la que, quien la comete, se priva ya a sí mismo de la plena comunión espiritual con la Iglesia (n.7; can. 1398; 1321;1324).[9]


5. LEGALIZACIÓN DEL ABORTO

            La Iglesia no sólo condena el aborto, sino que  mantiene, mundialmente, una posición abiertamente contraria a cualquier forma de legalización del aborto. En palabra de la Comisión Episcopal Española para la Doctrina de la Fe:
Nuestra conciencia de pastores nos constriñe a proclamar que el inviolable respeto a toda vida humana es un principio tan fundamental que debe ser legalmente salvaguardado. Una sociedad en la que el derecho a la vida no está legalmente protegido es una sociedad intrínsecamente amenazada. Por ello, aun siendo verdad que el legislador no está obligado siempre a penalizar toda infracción moral, es deber suyo, en razón del bien común, la defensa y la protección de toda vida humana.(Nota sobre el aborto, n.13)

                Cuando una ley aprueba una conducta moralmente ilícita, la misma ley se hace inmoral. Y no vale decir que la ley, que legaliza el aborto, "no crea el aborto, sino que regula el hecho del aborto" que ya existe en forma creciente en nuestra sociedad. Con esta lógica se debería despenalizar el robo y el crimen que existen igualmente en forma creciente en nuestra sociedad.

La función de la ley y del Estado queda minada cuando un hecho ilícito de tal gravedad como la supresión de la vida es reconocido como legal. Un hecho es que tal cosa se dé contra la ley y otro muy distinto es que se dé con su aprobación. La función pedagógica, social y moral de la ley desaparece.

            La prohibición legal del aborto no es, ciertamente, el camino para proteger eficazmente la vida no nacida. Pero, dada la mentalidad juridicista de los hombres, la legalización jurídica lleva a la confusión entre licitud jurídica y licitud moral, como demuestra el aumento de abortos allí donde se ha despenalizado. Las cifras tampoco demuestran que, con la legalización del aborto, disminuyan los abortos clandestinos, que es una de las pretensiones más vociferadas a la hora de proponerla. Es hipócrita, igualmente, la pretensión de acabar, mediante la legalización del aborto, con la discriminación entre pobres y ricos, pues la despenalización del aborto deja en situación de inferioridad total precisamente a los seres más débiles, más carentes de recursos, situados en una condición absoluta de indefensión.
            Si se considera que la ley y la acción de los legisladores deben proteger siempre los bienes fundamentales de la sociedad y de todos sus miembros, el hecho mismo de la despenalización, aparte de la mentalidad abortista que crea, es en sí misma una decisión moralmente injusta. La vida del nuevo ser humano queda sin la protección que le es debida, como la de cualquier persona, abandonada a la voluntad de otros.
            En vez de buscar soluciones positivas a las situaciones difíciles y dolorosas, que sin dudan pueden presentarse, especialmente para los padres afectados, esta ley propicia la solución más fácil al permitir la eliminación física del que va a nacer. De esta manera, se quiera o no, el pueblo puede acostumbrarse a pensar que la supresión física de quien crea dificultades  es una manera legítima de resolver los problemas. Si se puede matar a un no nacido en determinadas condiciones, ¿por qué no en otras? ¿y por qué no aplicar el mismo criterio respecto a otras personas que no estén ya en plenitud de vida? (Ibidem, n.5).                
            Una sociedad que niega el derecho primario a la vida, ¿cómo puede garantizar los otros derechos que proclama en tantas de sus declaraciones? ¿No serán papel mojado? ¿Qué quiere decir, cuando se admite el aborto, que "la preocupación por el interés del individuo debe siempre prevalecer sobre los intereses de la ciencia y de la sociedad"?.[10]
            Una vez más hay que afirmar que la ley no coincide con la ética. La ley no siempre puede impedir todo mal o abuso en el ejercicio de la libertad personal de los ciudadanos, pero debe siempre crear las condiciones para la vida moral de toda persona. Por ello, la ley debería defender la vida de todos, especialmente la vida de los más indefensos. Si no tutela la vida, la ley es inicua y es preciso oponerse a ella. "Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres", respondieron los apóstoles al Sanedrín.
            Por otra parte, la ley no puede imponer a nadie matar a una persona. No puede, pues, exigir al médico que preste su colaboración al aborto. La objeción de conciencia es, por tanto, lícita y obligatoria para el médico en el caso del aborto legalizado.[11]
            Finalmente, hay que decir que para la eliminación o reducción del aborto no basta, como ingenuamente creen algunos, con eliminar las causas sociales que se presentan como indicaciones de muchos abortos: problemas de vivienda, de pobreza, de educación, de sanidad, etc. "Los hechos, como constata F.J. Elizari, prueban cómo las sociedades y clases más avanzadas siguen acudiendo al aborto, a pesar de tener en gran parte resueltos todos esos problemas de empleo, vivienda, cuidado de la salud, etc. En el aborto influyen poderosamente ciertos rasgos presentes en la mentalidad de nuestra sociedad: concepto de libertad del cuño burgués más descarado, concepto utilitarista de la sociedad y del hombre, civilización consumista, incapacidad para diferir las propias satisfacciones o renunciar a ellas en virtud de una solidaridad humana, concepto consumista de la sexualidad, tiranía de la programación, que llega hasta a eliminar con frialdad a los seres humanos no deseados o defectuosos en las primeras fases de su existencia".[12]
            Y, como raíz de esta mentalidad, está lo que ya descubrió San Pablo. Una sociedad que niega a Dios, creador y señor de la vida, es una sociedad que niega la vida y engendra una civilización de muerte. La fe en Dios, que ofrece la vida eterna en su Hijo Jesucristo da, en cambio, valor a toda vida humana.
En la búsqueda de las raíces más profundas de la lucha entre la "cultura de la vida" y la "cultura de la muerte" es necesario llegar al centro del drama vivido por el hombre contemporáneo: el eclipse del sentido de Dios y del hombre, característico del contexto social y cultural dominado por el secularismo. Quien se deja contagiar por esta atmósfera, entra fácilmente en el torbellino de un terrible círculo vicioso: perdiendo el sentido de Dios, se tiende a perder también el sentido del hombre, de su dignidad y de su vida (Cfr EV 21-24).

                La Iglesia que, como Maestra, ha expuesto con claridad la verdad, no se olvida de que es Madre. Y, también como madre, se dirige "a las mujeres que han recurrido al aborto":
La Iglesia sabe cuántos condicionamientos pueden haber influido en vuestra decisión, y no duda de que en muchos casos se ha tratado de una decisión dolorosa e incluso traumática. Probablemente la herida aún no ha cicatrizado en vuestro interior. Es verdad que lo sucedido fue y sigue siendo profundamente injusto. Sin embargo, no os dejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la esperanza. Antes bien, comprended lo ocurrido e interpretadlo en su verdad. Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la Reconciliación. Os daréis cuenta de que nada está perdido y podréis pedir perdón también a vuestro hijo que ahora vive en el Señor. Ayudadas por el consejo y la cercanía de personas amigas y competentes, podréis estar con vuestro doloroso testimonio entre los defensores más elocuentes del derecho de todos a la vida (EV 99;Cfr EV 59).




     [1] J. ELIZARI, El aborto ya es legal. ¿Qué hacer?, Madrid 1985;J. GAFO, El aborto ante la conciencia y la ley, Madrid 1982;EPISCOPADO FRANCES, Vie et mort sur commande, La Document.Catholique de Nov 1984.
     [2] Cfr EV 60; G.B. GUZZETTI, Quando l'embrione è persona?, Rivista di Teologia Morale 73(1987)67-79; S. LEONE, I diritti dell'embrione, Medicina e Morale 3(1985)583-603;VARIOS, Il diritto alla vita, Roma 1981;VARIOS, L'Aborto. Riflessioni di studiosi cattolici, Milán 1975.
     [3] Cfr E. BOMPIANI, Le indicazioni dell'aborto "terapeutico": stato attuale del problema, en L'aborto, riflessioni...,p. 191-215;L. CICCONE, L'Aborto, en "Non uccidere". Questioni di morale della vita fisica, Milano 1984, p. 144-256.
     [4] Cfr EV 11;18-19.
     [5] Cfr EV 16.
     [6] Cfr M. SCHOOYANS, L'avortement, problème politique, NouvRevTh 96(1974)1031-1053 y 97(1975)25-50.
     [7] Cfr EV 4.
     [8] Cfr EV 57-58;61-62; CEC 2271.
     [9] Cfr EV 59.
     [10] Declaración mundial de Helsinki II. Cfr EV 20;68-72.
     [11] Cfr EV 73-74; C. CAFFARRA, Aborto e obiezione di coscienza, Medicina e Morale 1/2(1977)101-109;R. VENDITTI, Le ragioni dell'obiezione di coscienza, Turín 1986.
     [12] F. J. ELIZARI BASTERRA, Moral de la vida y la salud, en Praxis cristiana, Madrid 1981, p. 103; E. SGRECCIA (dir), Il dono della vita, Milano 1987.