viernes, 4 de mayo de 2018

Sexualidad - Emiliano Jiménez


Emiliano Jiménez Hernández - Bioética

1. LA VIDA DON DE DIOS

3. SEXUALIDAD



El hombre, espíritu encarnado en el mundo, existe creadoramente en la historia en diálogo con los otros. Su vivir es convivir. La dimensión interpersonal es constitutiva de la persona humana. Su vida acontece en forma de convivencia. El yo y el tú en soledad son modos de existencia inauténtica.

            El yo, que camina hacia el tú, y el tú, que sale al encuentro del yo, se hallan y abrazan en el amor. Como dirá P. Laín Entralgo, la comunicación personal es posible para el hombre gracias al amor. Sólo cuando dos personas se aman efusivamente entre sí se da entre ambos verdadera y real comunicación. Amando, yo me hago conocer por el otro; amándome él de manera semejante, se hace conocer por mí. Y todo ello sin confusión de nuestros respectivos seres personales. Sin convertirse en formal identificación, nuestra comunicación llega a ser verdadera comunión.[1]

            Este ser con los demás y para los demás pertenece al núcleo mismo de la existencia humana. La existencia humana está siempre orientada hacia los demás. Esta estructura interpersonal se vive en la vivencia del amor en su doble dirección: amor de los demás y amor a los demás. El hombre es un ser cuya indigencia le mueve a salir de sí, pues experimenta en lo más hondo de sí que "no es bueno que el hombre esté solo". Pero, al mismo tiempo, el hombre es un ser abierto, cuya plenitud de vida le impulsa a abrirse y donarse a los demás. La sexualidad es la gran fuerza que empuja al hombre a abrirse y a salir de sí mismo, con su necesidad del otro y con su capacidad de donación al otro. La sexualidad se hace, pues, signo y fruto de la indigencia y de la riqueza de la persona, llamada indivisiblemente a amar y a ser amada, a darse y a recibir, conocer al otro, conocerse a sí misma, reconocer al otro y ser reconocida por el otro.

            Este carácter interpersonal fundamental del hombre encuentra una expresión específica en el hecho de que el hombre existe como varón o mujer. Como dice el citado documento de la Cong. para la Doctrina Católica, citando de nuevo a Juan Pablo II:   
El cuerpo, en cuanto sexuado, manifiesta la vocación del hombre a la reciprocidad, esto es, al amor y al mutuo don de sí. "Precisamente atravesando la profundidad de esta soledad originaria, surge ahora el hombre en la dimensión del don recíproco, cuya expresión -que por esto mismo es expresión de su existencia como persona- es el cuerpo humano en toda la verdad originaria de su masculinidad y feminidad. El cuerpo que expresa la feminidad para la masculinidad, y viceversa, la masculinidad para la feminidad, manifiesta la reciprocidad y la comunión de las personas. La expresa a través del don como característica fundamental de la existencia personal" (9-1-80) .(n.24)

                En la sexualidad es donde la corporeidad humana revela las profundas posibilidades interpersonales del hombre y donde la misma intersubjetividad se revela profundamente corpórea. La sexualidad es una característica propia de la persona que, en la diversidad de varón o mujer, posibilita la palabra íntima, unitiva y creadora, que se expresa en la unión corporal. De este modo, la alteridad sexual revela la profundidad e intimidad de la interpersonalidad humana. No hay mayor coefusión que el amor de entrega personal, en el que los esposos llegan a ser una sola carne. Pero la condición dual de la persona humana -por ser humana-, incluyendo la atracción sexual carnal, se realiza superando esta atracción y situándose en la comunión y trasparencia del espíritu.

            Las relaciones sexuales no pueden ser consideradas aisladamente en su dimensión biológica, sino a la luz de la persona entera, aunque ciertamente están ligadas a la dimensión corporal del hombre, pero visto el cuerpo en su significado esponsal, como expresión del "sincero don de sí mismo" (MD 10). La sexualidad humana implica, por tanto, la totalidad de la persona:
En el contexto de una cultura que deforma gravemente e incluso pervierte el verdadero significado de la sexualidad humana, porque la desarraiga de su referencia a la persona, la Iglesia siente más urgente e insustituible su misión de presentar la sexualidad como valor y función de toda la persona, creada -varón y mujer- a imagen de Dios (FC 32).

                Todo intento de acercarse a la sexualidad humana desde una óptica dualista, se encuentra condenado al fracaso, ya sea eliminando la dimensión espiritual del cuerpo o menospreciando la condición encarnada del espíritu. Una antropología dualista está viciada desde sus raíces para captar el sentido y valor de la sexualidad. "El acto conyugal, con el que los esposos se manifiestan recíprocamente el don de sí mismos, es un acto indivisiblemente corporal y espiritual", afirma la Donum Vitae (II,B 4).

            El significado humano de la sexualidad radica esencialmente en la relación entre personas, esto es, en la reciprocidad del encuentro entre seres personales encarnados, sexuados. Todo el misterio de la sexualidad humana se halla en este encuentro interpersonal, que no puede agotarse ni separarse de las condiciones corpóreas. La sexualidad humana se da únicamente en las relaciones entre personas que se reconocen como tales. Por ello como dice A. Jeannière:

No es la sexualidad la que nos hace inventar el amor, sino el amor el que nos revela la naturaleza de la sexualidad.[2]

                Como dice el citado documento sobre el amor humano, "la persona humana, por su íntima naturaleza, exige una relación de alteridad que implica una reciprocidad de amor. Los sexos son complementarios: iguales y distintos al mismo tiempo; no idénticos, pero sí iguales en dignidad personal; son semejantes para entenderse, diferentes para completarse recíprocamente" (n.25).

            La condición sexual del hombre, en su polaridad masculina y femenina, lejos de ser una división o separación en dos mitades, que escindiese media humanidad de la otra mitad, lo que hace es referir la una a la otra, instaurando la convivencia entre los dos sexos. La sexualidad, en vez de separar, vincula al varón y la mujer. Masculinidad y feminidad son dos estructuras recíprocas. Ser varón no quiere decir otra cosa que estar referido a la mujer; y ser mujer, estar referida al varón. Desde el mismo momento de la creación, el ser humano existe en la diferencia de sexo y en la recíproca relación sexual.
            La sexualidad como don del Creador, con su bondad original y con las implicaciones del pecado, confundiendo e incluso falsificando el lenguaje sexual, nos lleva a Cristo que, con su redención, asume la sexualidad, la sana y  restituye a su bondad original de gracia y santidad:
Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza: llamándolo a la existencia por amor lo ha llamado al mismo tiempo al amor. Dios es amor (1Jn 4,8) y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen y conservándola continuamente en el ser, Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación del amor y de la comunión. El amor es por tanto la vocación fundamental e innata de todo ser humano (FC 11).

                Como tercer criterio general de moralidad, hay que afirmar que "tan sólo el acto conyugal posee las condiciones realmente humanas para engendrar una nueva persona humana".



     [1] P. LAIN ENTRALGO, La comunión interpersonal en la convivencia humana, Revista de filosofía 1(1962)80-81.
     [2] A. JEANNIER, Anthropologie sexuelle, París 1964, p. 139.

Corporeidad - Emiliano Jiménez


Emiliano Jiménez Hernández - Bioética

1. LA VIDA DON DE DIOS

2. CORPOREIDAD


La concepción cristiana de la persona humana no es en absoluto maniquea. Contempla al hombre "todo entero, cuerpo y alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad" (GS 3).


En la "unidad de cuerpo y alma", es donde se manifiesta el hombre como imagen de Dios, con capacidad de conocer y amar.

            La antropología bíblica no conoce el dualismo de cuerpo y alma.

El hombre bíblico vive y se interpreta a sí mismo como unidad, aunque esa unidad puede presentar aspectos diversos según las relaciones en que el hombre se halle inserto. Esto puede ilustrarse dando un rápido vistazo a los términos típicos con que la Biblia se refiere al hombre. Basar (traducido por carne y a veces por cuerpo) no significa la carne o el cuerpo en oposición al alma espiritual; significa todo el hombre, corpóreo y espiritual, visto bajo el aspecto de ser débil y frágil. Lo mismo el término nefes (traducido por psique o alma) se refiere a todo el hombre en cuanto vivo; lo opuesto a nefes no es cuerpo, sino cadáver. Cada afirmación sobre el cuerpo o sobre el espíritu atañen al hombre en su totalidad.

            Hoy es preciso subrayar con fuerza la verdad del cuerpo, como expresión de la persona humana. Pues, como señalan los Obispos españoles:

Unida a la trivialización de la sexualidad, e inseparable de ella, está la instrumentalización que se hace del cuerpo. Se hace creer, en efecto, que se puede usar del cuerpo como instrumento de goce exclusivo, cual si se tratase de una prótesis añadida al Yo. Desprendido del núcleo de la persona, y, a efectos del juego erótico, el cuerpo es declarado zona de libre cambio sexual, exenta de toda normatividad ética; nada de lo que ahí sucede es regulable moralmente ni afecta a la conciencia del Yo, más de lo que pudiera afectarle la elección de este o de aquel pasatiempo inofensivo. La frívola trivialización de lo sexual es trivialización de la persona misma, a la que se humilla muchas veces reduciéndola a la condición de objeto de utilización erótica; y la comercialización y explotación del sexo o su abusivo empleo como reclamo publicitario, son formas nuevas de degradación de la dignidad de la persona humana (La verdad os hará libres 19).

                Lo afirma igualmente con fuerza Juan Pablo II en la Evangelium vitae:

En este horizonte cultural, el cuerpo ya no se considera como realidad típicamente personal, signo y lugar de las relaciones con los demás, con Dios y con el mundo. Se reduce a pura materialidad: está simplemente compuesto de órganos, funciones y energías que hay que usar según criterios de mero goce y eficiencia. Por consiguiente, también la sexualidad se despersonaliza e instrumentaliza: de signo, lugar y lenguaje del amor, es decir, del don de sí mismo y de la acogida del otro según toda la riqueza de la persona, pasa a ser cada vez más ocasión e instrumento de la afirmación del propio yo y de satisfacción egoísta de los propios deseos e instintos. Así se deforma y falsifica el contenido originario de la sexualidad humana. (n. 23)

                La corporeidad es una dimensión fundamental del hombre como persona, pues el hombre existe realmente como ser corpóreo.

De aquí se deduce que el cuerpo está revestido de humanidad, cargado de significado humano. Este significado humano del cuerpo no está ciertamente inscrito en las estructuras biológicas o fisiológicas del cuerpo. El significado humano del cuerpo le viene del hecho de que es el cuerpo de una persona humana. Sólo a la luz de la totalidad de la persona humana es posible descubrir el significado humano del cuerpo y de las acciones corporales. De aquí que el cuerpo humano no sea un objeto, sino "la persona humana en su visibilidad".[1]

            Respecto a la propia persona, que vive su existencia en el cuerpo y a través del cuerpo, el significado fundamental de éste es el de ser el campo expresivo del hombre. Se puede decir que el cuerpo humano es la persona en cuanto que se expresa y se realiza visiblemente en el mundo, esto es, en la comunicación con los demás y en la transformación del mundo, como camino de reconocimiento de los demás. En este sentido, el cuerpo tiene un significado sacramental, en cuanto que la realidad personal existe expresándose visiblemente en el cuerpo y a través del cuerpo.             
            En relación a los demás, el cuerpo tiene, como gusta repetir Juan Pablo II, un significado esponsal. En las relaciones con los demás, el cuerpo humano es ante todo presencia de la persona para ellos. Esta presencia de persona a persona se hace cercanía, comunicación y palabra a través del cuerpo. Toda respuesta personal a la llamada del otro pasa a través del lenguaje oblativo del cuerpo.
            Espigando en las catequesis de Juan Pablo II, en las audiencias de los miércoles, dedicadas durante tres años a la teología del cuerpo, encontramos la aplicación de esta visión antropológica a la vida cristiana. La S.C. para la Educación Católica lo hace así en su documento Orientaciones educativas sobre el amor humano, del 1 de noviembre de 1983:

La visión cristiana del hombre reconoce al cuerpo una particular función, puesto que contribuye a revelar el sentido de la vida y de la vocación humana. La corporeidad es, en efecto, el modo específico de existir y de obrar del espíritu humano. Este significado es, ante todo, de naturaleza antropológica: El cuerpo revela el hombre (Audiencia del 14-11-1979), expresa la persona (9-1-80) y por eso es el primer mensaje de Dios al hombre mismo, casi una especie de sacramento primordial, entendido como signo que transmite eficazmente en el mundo visible, el misterio invisible escondido en Dios desde la eternidad (20-2-80).
Hay un segundo significado de naturaleza teologal: el cuerpo contribuye a revelar a Dios y su amor creador, en cuanto manifiesta la creaturalidad del hombre, su dependencia de un don fundamental que es don del amor. Esto es el cuerpo: testigo de la creación como de un don fundamental, testigo, pues, del amor como fuente de la que nació este mismo donar (9-1-80).(n.22-23)

                Por ello, el cuerpo está destinado a volver a su fuente, a ser glorificado en Dios:

Incorporado por el bautismo a Cristo, el cristiano sabe que también su cuerpo ha sido vivificado y purificado por el Espíritu que Jesús le comunica.
La fe en el misterio de Cristo resucitado, que por su Espíritu actúa y prolonga en los fieles el misterio de la pascua, descubre al creyente la vocación a la resurrección de la carne, ya incoada gracias al Espíritu que habita en el justo como prenda y germen de la resurrección total y definitiva (Orientaciones sobre el amor humano 43)

Un segundo criterio moral, para esclarecer los problemas que hoy se plantean en el ámbito de la biomedicina, se puede formular con palabras de la Donum Vitae:
La persona humana sólo puede realizarse como totalidad unificada. Pues, en virtud  de su unión substancial con un alma espiritual, el cuerpo humano no puede ser reducido a un complejo de tejidos, órganos y funciones, ni puede ser valorado con la misma medida que el cuerpo de los animales, ya que es parte constitutiva de una persona, que a través de él se expresa y se manifiesta...Por ello, cualquier intervención sobre el cuerpo humano afecta a la persona misma. Juan Pablo II lo recordaba con fuerza a la Asociación Médica Mundial: "Cada persona humana, en su irrepetible singularidad, no está constituida solamente por el espíritu, sino también por el cuerpo, y por eso en el cuerpo y a través del cuerpo se alcanza a la persona misma en su realidad concreta. Respetar la dignidad del hombre comporta, por consiguiente, salvaguardar esa identidad del hombre corpore et anima unus" (n.3).



     [1] M. ARGYLE, Il corpo e il suo linguaggio, Bologna 1982; JUAN PABLO II, Teología del corpo, Roma 1982; V. MELCHIORE, Il corpo, Brescia 1984; G. ZAMBONI, Il problema dell'uomo, Palermo 1985; I. FUCEK, L'unità e la dignità della persona nell'antropologia cristiana, Medicina e Morale 3(1989)465-489.

El hombre: ser personal - Emiliano Jiménez


Emiliano Jiménez Hernández - Bioética

1. LA VIDA DON DE DIOS

1. EL HOMBRE: SER PERSONAL


            En este sentido, la bioética transciende la realidad alcanzada por la ciencia experimental.
"Nosotros sentimos que, aunque la ciencia respondiese todos los interrogantes que ella misma suscita, aún no habríamos rozado siquiera los problemas de nuestra vida".
(Ludwig Wittgenstein (1989 -1951), padre de la filosofía analítica)

El conocimiento científico no es conocimiento del ser humano. La ciencia no podrá responder nunca, con sus experimentos de laboratorio, a la pregunta existencial, que acompaña al hombre desde sus orígenes: ¿Qué es el hombre?
           
Con el moralista italiano, experto en el campo de la bioética, E. Sgreccia, podemos afirmar:

 "La bioética deberá ser una ética racional que, a partir de la descripción del dato científico, biológico y médico, examine racionalmente la licitud de la intervención del hombre sobre el hombre. Esta reflexión ética tiene como polo inmediato de referencia la persona humana y su valor trascendente, con su referencia a Dios como Valor Absoluto".        (E. SGRECCIA, Manuale di Bioética, Milano 1989, p.42.)


Hombre = persona  à  no es sólo un trozo de materia, como lo es el átomo, una espiga de trigo, una mosca o un elefante.

El hombre es esto, pero NO como los demás. El hombre es eso y mucho más. Con su inteligencia y voluntad se conduce a sí mismo; existe no sólo físicamente; su existir es mucho más rico y elevado. Su existencia espiritual, manifestada en el conocimiento y en el amor, le eleva por encima de los demás seres de la creación.
El hombre es en sí un microcosmos y no sólo una parte del universo; sino que en él se comprende todo el universo. El amor, con el que el hombre se abre a otras personas, que están como él dotadas de la capacidad de amar, le diferencia de todos los demás seres.

"La persona humana, por muy dependiente que sea de los más insignificantes accidentes de la materia, existe por la existencia propia de su alma que supera la materia, el tiempo y la muerte. El espíritu es la raíz de su personalidad".
(Jacques Maritain (París, 1882 - 1973), filósofo católico francés, principal exponente del humanismo cristiano.)

            Como reconoce el Concilio Vaticano II: el criterio de la moralidad debe ser el hombre en cuanto hombre.

Pero, ¿quién es el hombre?. Este es el interrogante fundamental para que la bioética pueda responder válidamente a su cometido.

Creyentes y no creyentes están en general de acuerdo en este punto: todos los bienes de la tierra deben ordenarse en función del hombre, centro y cima de todos ellos. ¿Pero qué es el hombre? Muchas son las opiniones que el hombre se ha dado y se da sobre sí mismo. Diversas e incluso contradictorias. Exaltándose a sí mismo como norma absoluta o despreciándose hasta la desesperación, terminando de este modo en la duda y en la angustia (GS 12).

                La Iglesia, aleccionada por la revelación divina, como maestra y madre, ofrece a los hombres su visión del hombre, para iluminar sus dudas y liberarlos de su angustia. (EV 78-80)

            La revelación cristiana à ilumina el ser del hombre como persona singular, única e intangible.

El hombre, creado por Dios a su imagen, en cuanto persona singular es irreductible a todo. Cada persona significa una radical novedad. Cada persona en cuanto persona es creada de la nada, no es fruto de ninguna otra cosa, pues no puede reducirse a ninguna otra realidad. La realidad psico-física del hijo -cuerpo, funciones biológicas, psiquismo, carácter, etc- se deriva de la de sus padres, y, en este sentido, es reductible a ella. Su realidad psico-física, sí; pero su persona, no. Es decir, "lo que" el hijo es, sí tiene su génesis en los padres; pero no "quién" es. El hijo, el yo del hijo, es absolutamente irreductible al yo del padre o al yo de la madre, igualmente irreductibles entre sí.
El yo es único, singular e intransferible. Decir yo es formar una oposición polar con toda otra realidad posible o imaginable, y esa polaridad, en forma bilateralmente personal, es precisamente la dualidad yo-tú.
J. MARIAS, Antropología metafísica, Madrid 1983,p.77; J.L. RUIZ DE LA PEÑA, Anthropologie et tentation  biologiste, Communio 6(1984)66-79. Julián Marías Aguilera (España, 1914-2005), doctor en Filosofía, discípulo destacado de Ortega y Gasset, maestro y amigo con quien fundó en 1948 el Instituto de Humanidades (Madrid).

            De aquí la repetida afirmación del Vaticano II: "El hombre es la única criatura terrestre a la que Dios ha querido por sí misma" (GS 24).

La Encarnación del Hijo de Dios es el testimonio supremo de la dignidad de cada hombre para la fe cristiana. (EV 29-31)

El Hijo de Dios, encarnado en el seno de una mujer, es la afirmación más radical del valor único de todo hombre, como expresaba Juan Pablo II en su Primer radiomensaje de Navidad al mundo:
Si celebramos tan solemnemente el Nacimiento de Jesús, es para testimoniar que todo hombre es alguien, único e irrepetible. Si las estadísticas humanas, los sistemas políticos, económicos y sociales, las simples posibilidades humanas no logran asegurar al hombre el que pueda nacer, existir y trabajar como único e irrepetible, entonces todo eso se lo asegura Dios. Para El y ante El, el hombre es siempre único e irrepetible; alguien eternamente ideado y llamado por su propio nombre. AAS 71(1979)66.

Es lo que, volcando su experiencia personal, apenas elegido Papa, comunicó a todos los "hombres de buena voluntad", en su primera encíclica, documento programático de todo su pontificado:

            El hombre no puede vivir sin amor. El permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente. Por esto precisamente, Cristo Redentor revela plenamente el hombre al mismo hombre. Tal es la dimensión humana del misterio de la Redención. En esta dimensión el hombre vuelve a encontrar la grandeza, la dignidad y el valor propios de su humanidad. En el misterio de la Redención el hombre es confirmado y en cierto modo es nuevamente creado. ¡El es creado de nuevo!...El hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a sí mismo -no solamente según criterios y medidas del propio ser inmediatos, parciales, a veces superficiales e incluso aparentes- debe, con su inquietud, incertidumbre e  incluso con su debilidad y pecaminosidad, con su vida y con su muerte, acercarse a Cristo. Debe, por decirlo así, entrar en El con todo su ser, debe apropiarse y asimilar toda la realidad de la Encarnación y de la Redención para encontrarse a sí mismo. Si se actúa en él este hondo proceso, entonces él da frutos no sólo de adoración a Dios, sino también de profunda maravilla de sí mismo.¡Qué valor debe tener el hombre a los ojos del Creador, si ha merecido tener tan grande Redentor (Himno Exsultet de la Vigilia Pascual), si Dios ha dado a su Hijo, a fin de que él, el hombre, no muera, sino que tenga la vida eterna (Jn 3,16)! (Juan Pablo II - 1979 - Redemptor Hominis 10).
               
El hombre, pues, como persona es el único criterio moral capaz de dar una respuesta auténtica a todos los problemas éticos y, en concreto, a los problemas que se plantean a la bioética. Si se pierde de vista este criterio se destruye al hombre y, con él, se hunde la misma sociedad. "Todo agravio a la persona es una lesión a la sociedad en su raíz y en su vértice, pues la sociedad nace de la persona y en función de la persona" (EV 37-28).

            Merece la pena transcribir una bella página de Romano Guardini sobre la intangibilidad del hombre en cuanto persona, como criterio moral:
Un hombre es inviolable no ya porque vive y, por tanto, tiene "derecho a la vida". Semejante derecho correspondería igualmente al animal, ya que también él vive...No, la vida del hombre no puede ser violada porque el hombre es persona. Y persona significa capacidad de autodominio y de responsabilidad personal, capacidad de vivir en la verdad y en el orden moral. La persona no consiste en algo psicológico, sino en algo existencial; no depende fundamentalmente de la edad o de las condiciones físicas o psíquicas o de las dotes naturales, sino del alma espiritual que hay en cada hombre. La personalidad puede hallarse inconsciente como en quien duerme; sin embargo exige ya una tutela moral. Es incluso posible que no se actualice porque le faltan los presupuestos físico-psíquicos, como en los locos o dementes; pero el hombre civilizado se diferencia del bárbaro porque respeta esa personalidad cubierta con semejante envoltura. Puede hallarse también escondida, como en el embrión, pero ya existe con pleno derecho. La personalidad da al hombre su dignidad; le distingue de las cosas y le hace un sujeto. Una cosa tiene consistencia, pero no le pertenece; produce un efecto, pero no tiene responsabilidad; tiene valor, pero no dignidad.
Se trata a algo como cosa cuando se lo posee, se lo usa y se termina por destruirlo, es decir, tratándose de seres vivos, se les mata. Prohibir matar al hombre representa la culminación de la prohibición de tratarlo como cosa... El respeto del hombre en cuanto persona es una exigencia que no admite discusión alguna: de ella dependen la dignidad, el bienestar y la misma existencia de la humanidad. Poner en duda esta exigencia es caer en la barbarie. Es imposible hacerse una idea de las amenazas, para la vida y el alma del hombre, si, privado del baluarte de este respeto, el hombre queda a merced del Estado moderno y de su técnica. R. GUARDINI, Il diritto alla vita prima della nascita, Vicenza 1985, p.19-21. -Romano Guardini (Italia 1885-1968), sacerdote, teólogo, pensador, escritor y académico católico.

La persona es siempre un sujeto. No puede nunca ser tratada como algo, sino que ha de ser siempre considerada como un alguien.

De aquí, como conclusión general de todo lo anterior, el primer criterio que iluminará todos los temas concretos que expondré en los siguientes capítulos, sería: "Es bueno todo lo que custodia, defiende, sana y promueve al hombre en cuanto persona; es malo todo lo que le amenaza, hiere, ofende, instrumentaliza o elimina" (Cardenal D. TETTAMANZI, o.c., p.35.).[1]

O mejor dicho, con palabras de la Familiaris Consortio:
En la construcción de un nuevo humanismo, la ciencia y sus aplicaciones técnicas ofrecen nuevas e inmensas posibilidades. Sin embargo, la ciencia, como consecuencia de las opciones políticas que deciden su dirección de investigación y sus aplicaciones, se usa a menudo contra su significado original: la promoción de la persona humana.
Se hace, pues, necesario recuperar por parte de todos la conciencia de la primacía de los valores morales de la persona humana en cuanto tal. Volver a comprender el sentido último de la vida y de sus valores fundamentales es el gran e importante cometido que se impone hoy día para la renovación de la sociedad. Sólo la conciencia de la primacía de éstos permite un uso de las inmensas posibilidades, puestas en manos del hombre por la ciencia; un uso verdaderamente orientado como fin a la promoción de la persona humana en toda su verdad, en su libertad y dignidad. La ciencia está llamada a ser aliada de la sabiduría. "Nuestra época -como dijo ya el Vaticano II-, más que ninguna otra, tiene necesidad de esta sabiduría para humanizar todos los nuevos descubrimientos de la humanidad. El destino futuro del mundo corre peligro si no se forman hombres más instruidos en esta sabiduría" (GS 15)...Es esta una exigencia prioritaria e irrenunciable (FC 8).


Bioética - Corrientes y fundamentación antropológica-ética, ser humano-persona


“La bioética es el estudio sistemático e interdisciplinar de las acciones del hombre sobre la vida humana, vegetal y animal, considerando sus implicaciones antropológicas y éticas, con la finalidad de ver racionalmente aquello que es bueno para el hombre, las futuras generaciones y el ecosistema, para encontrar una posible solución clínica o elaborar una normativa jurídica adecuada”

a) Es un estudio sistemático, por esto merece el estatus de disciplina, no el de ciencia, porque la bioética pertenece a una disciplina más amplia que es la ética. La bioética es una ética aplicada a la ciencia y a la vida en general.
b) Interdisciplinar en la medida en la que intervienen en ella muchas otras disciplinas, no sólo la medicina o las ciencias biosanitarias sino también el derecho, la política, la economía, la filosofía, etc. Para hablar de una disciplina es necesario determinar su objeto material y su objeto formal. Por objeto entendemos qué estudia esa ciencia o disciplina; y por objeto formal entendemos bajo qué punto de vista lo estudia.
c) El objeto material de la bioética son las acciones del hombre sobre la vida in genere; en cambio, su objeto formal es desde la perspectiva ética, para ver si estas acciones son buenas y hacen al hombre mejor, o por contrario, le producen un daño a él, a la humanidad y a las generaciones futuras. Es importante señalar que cuando hablamos de las acciones del hombre sobre la vida en general, entendemos por ella vida vegetal, animal y humana. Es más, extendería también este estudio hasta las acciones sobre el medioambiente en general, es decir, sobre todo aquello que en un futuro puede incidir sobre el desarrollo de la vida humana y de las generaciones futuras. 
d) No sólo hemos de mirar las implicaciones de nuestras acciones sobre las condiciones actuales de la vida humana y del planeta, la bioética debería tener en cuenta también un concepto de responsabilidad a largo plazo, para los seres humanos actuales y para las generaciones futuras.
e) La finalidad de la bioética no es sólo reflexionar sino fundamentalmente encontrar criterios, normas o principios que guíen el obrar del hombre respecto a la vida y elaborar leyes adecuadas que permitan el desarrollo y el progreso de la humanidad

Respecto a la relación entre antropología y ética: según el concepto de hombre que se tenga se tendrá una ética distinta.
Perspectiva materialista:
- Tenderá a valorar las acciones del hombre teniendo en cuenta los aspectos científicos, pragmáticos y útiles, los puramente materiales. 
- Esta perspectiva es la que predomina por ejemplo en la bioética del Reino Unido. 
- Es coherente y lógico con la tradición empirista y las influencias del utilitarismo de Stuart Mill, por eso las conclusiones de su bioética son obviamente materialistas y pragmático-utilitaristas.
Impronta clásica y personalista
- Fundamentación ontológica. 
- Elio Sgreccia o de F. D’Agostino, en Italia. 
- Tendrán como centro el bien de la persona y el bien común entendiendo a la persona como unidad dual de alma y cuerpo.

Concepto de hombre (visión antropológica) que subyace en la bioética:
a) Materialismo / reduccionismo biologicista / funcionalismo:
- afirma que el hombre se reduce a su materia genética o biológica, a su cuerpo. 
- Reducir lo que es el hombre sólo y exclusivamente a algo material.  
- Esta posición está sostenida por autores en bioética como Peter Singer o H.T. Engelhardt jr, que reducen al hombre a la actividad neurológica y a la conciencia, a saber, a la mera cantidad material, al número de conexiones neuronales y a su funcionamiento. 
- Son materialistas todos los monismos funcionalistas o aquellas versiones que explican al hombre en virtud de la capacidad de realizar ciertas funciones vitales.
b) Dualismo interaccionista: 
- El hombre es un dualismo de materia y espíritu, que siendo dos sustancias completamente distintas interaccionan entre sí. 
- Sostenida por Platón y Descartes, deja sin explicación exhaustiva el cómo se unen esas dos realidades. 
c) Unidad-dual:
- Ancla sus raíces en la filosofía aristotélica, después asimilada por Santo Tomás de Aquino y actualizada por autores contemporáneos. 
- El hombre no es sólo su materia corpórea sino que es “unidad-dual” de cuerpo material y ser inmaterial o alma, entendida esta última en su sentido filosófico, como principio de vida.

Por otro lado, en bioética se habla mucho de la persona, de su dignidad y respeto, de los derechos y deberes de la misma pero al mismo tiempo asistimos a una disociación de la corporeidad respecto al ser de la persona, hasta el punto de afirmar que la identidad personal no es primera y fundamentalmente corpórea. Han surgido filosofías elaboradas ad hoc para sostener intereses prácticos concretos.
Relación cuerpo-persona, ser humano-persona, podemos observar dos posiciones antropológicas fundamentales y antitéticas:

1) Separación entre el cuerpo y la dimensión personal.
- El cuerpo no expresa la persona sino que en algunos momentos este es sólo material biológico. 
- El ser humano empieza a existir con un “cuerpo biológico” que después deviene persona, y paralelamente, primero deja de existir como persona y después como ser biológico u organismo viviente (P. Singer). Según esta teoría el embrión sería un “ser biológico de nuestra especie” que deviene persona posteriormente, y al mismo tiempo, puede dejar de existir la persona (individuo no consciente o en coma) y quedarse como ser biológico que dejaría de existir posteriormente. Esta perspectiva presenta numerosas incongruencias, por ejemplo, nos podríamos preguntar: ¿en qué momento se verificaría el paso del “cuerpo biológico”  al ser persona, y del ser persona al ser “cuerpo biológico”? Efectivamente, los autores que tienen esta posición afirman que dicho paso se produce en distintos momentos. Para algunos es en el momento de la anidación, para otros cuando comienza a tener las estructuras neuronales, para otros cuando tiene conciencia o uso de razón. Ante tal situación lo único que cabe hacer es establecer un consenso o acuerdo. 
- Todas estas posiciones en las que hay una "cosificación" del cuerpo biológico en las fases iniciales, finales o marginales de la existencia humana (el cuerpo no individuado, no racional, no consciente de sí), nos hablan de una visión cientifista de la corporeidad. Esta visión piensa que la perspectiva descriptiva de la ciencia es la única y excluye todo lo que no sea constatado científicamente. Pero el responder a la pregunta ¿cómo es el cuerpo? (descripción de la ciencia) no responde a otra pregunta más profunda ¿qué es el cuerpo? Ellos afirman: hay cuerpos que no son personas, que ya no lo son o que no lo serán nunca.
- Reducción del cuerpo a una dimensión cuantitativa y la persona es una calificación resultado de una cantidad que puede existir o no existir según la evolución de ese cuerpo humano.
- Hace la visión funcionalista de la subjetividad que afirma que son personas aquellas que se relacionan, que sienten, que razonan, que son conscientes.
- Tanto el funcionalismo como el cientifismo tienen en su raíz la escisión cartesiana entre cuerpo-objeto y persona-sujeto. Por tanto no serían personas ni los embriones, ni los fetos, ni los anencéfalos, ni los dementes, ni las personas en coma o los que están en estado vegetativo persistente...
- Aquellos que consideran que la vida humana personal es distinta de la vida humana biológica llegan a las siguientes consecuencias: 
  • Intrumentalización del cuerpo: si el cuerpo es pura materia, pura cantidad mecánica, este no pone ninguna norma intrínseca, no es vínculo para obrar con él de una determinada manera u otra. De esta manera la autonomía de la persona es regla última y norma del obrar. Es lapidaria la afirmación de H.T. Enghelhardt jr.: “estos cuerpos, no siendo ya de ninguna persona o de una mente, al menos en términos laicos generales, deberían considerarse como cadáveres biológicamente vivos, y en este sentido privados de valor y derechos”.
  • b) De todo esto se deriva una desprotección total de estos “cuerpos biológicos”. Hay unos derechos del sujeto sobre todo cuerpo, puede hacer con él lo que quiera: venderlo, manipularlo, modificarlo. De ahí que el embrión pueda ser manipulado, vendido, eliminado, etc.
  • c) La licitud en el plano ético y jurídico. Los derechos son distintos, es lícito el infanticidio, la eutanasia, la eugenesia, entre otros.

2) NO Separación entre el cuerpo y la dimensión personal. 
- La dimensión biológico-corpórea es ya una manifestación de la persona.
- El cuerpo del hombre, y por tanto de la persona, comienza a existir en el momento en el que se produce la fecundación entre dos gametos. Es en ese momento cuando comienza el individuo biológico, a saber la persona. No hay otro momento u otra distinción para ser persona sino el pertenecer a la especie homosapiens.
- Existen dimensiones no mensurables, no empíricas. La persona posee una dimensión inmaterial, unida inseparablemente al cuerpo. 
- El cuerpo biológico es el mismo tanto en el inicio como en sus fases posteriores (continuidad del ser).
- Todo ser humano es persona.

Ser persona tiene un valor normativo, bioético y jurídico. Si se distinguieran cuerpos humanos vivos y personas se enchufaría la máquina de las discriminaciones. ¿Quién y cuándo establecería en qué momento un cuerpo humano pasa a ser persona o viceversa? La situación paradójica en la que caeríamos sería absurda. En cambio, hay una igualdad simétrica entre todos los hombres. El dualismo cuerpo-persona plantearía serias objeciones a los derechos humanos. El cuerpo humano, cualquiera que sea su fase de desarrollo, manifestación, etc. debe ser protegido, tutelado, como “lugar” donde vive la persona y como fuente de normatividad y responsabilidad. La bioética tiene el deber de defender la igualdad entre hombres cualquiera que sea su cuerpo ya que introducir diferencias sería el desmoronarse del edificio de una convivencia pacífica. La tutela del cuerpo, que al principio es imperceptible y al final es débil por parte de la comunidad de personas, es el fundamento de toda posibilidad de una ética y de un derecho.
En síntesis, la corporeidad debe ser considerada además de relacionalidad originaria, como una unidad somática e integral con una organicidad entre sus partes y una direccionalidad intrínseca, como categoría fundamental en todo ser humano. Para su comprensión última no basta la interpretación fenomenológica de la misma sino que es necesario afirmar unos principios metafísicos intrínsecos a toda corporeidad como son la unidad del ser vivo, el acto y la potencia de sus funciones, la existencia de cambios accidentales y funcionales y la permanencia de la sustancia. No se puede reducir la persona a la realización actual de sus funciones.

Corrientes en bioética
En la bioética contemporánea encontramos una amplia gama de teorías que varían debido a razones circunstanciales, a tradiciones filosóficas distintas o simplemente a intereses económicos. Analizaremos brevemente cuáles son las más significativas o las que mayor influencia han tenido en debate bioético.

a) Principalismo: 
- En el año 1979 dos norteamericanos, T. L. Beauchamp y J. Childress, que habían formado parte la Comisión que elaboró el Informe Belmont, hablaron por primera vez de los principios que debían regir la toma de decisiones en bioética en su volumen "Principles of biomedical ethics". Estos cuatro principios, constituyen el núcleo teórico de la llamada bioética principialista, son: 
- principio de autonomía, no maleficencia, beneficencia y justicia. 
- "Un principio de respeto a la autonomía requiere que las personas estén capacitadas para ordenar sus valores y creencias y para actuar sin intervenciones controladoras de otros. Incluso si existe un riesgo que a los demás les pueda parecer temerario, este principio exige la no interferencia y el respeto a las opciones autónomas de otras personas. Por ejemplo, los pacientes autónomos e informados tienen derecho a decidir que la intervención médica para evitar la muerte es inaceptable; estos pacientes tienen derecho a negarse a seguir siendo tratados, incluso a una muerte segura. Sin embargo, dichos derechos no siempre tienen una autoridad absoluta, y por ello pueden, en principio, encontrarse razones que justifiquen una intervención”[Beauchamp TL. “Methods and principles in biomedical ethics”, en J Med Ethics 29 (2003): 269-274.].
- La propuesta de Beauchamp y Childress predominó hasta los años noventa en que Clousert y Gert publicaron un artículo en el que criticaban el principialismo. La razón fundamental de la crítica era que no ofrecían una tabla de principios jerárquica y convincente. A raíz de las críticas los autores modificaron su obra. No obstante, les han dirigido otras críticas, como por ejemplo, la ausencia de una teoría antropológica que sustente los principios y que ofrezca una posible vía de solución en caso de conflicto entre dos principios.

b) Principalismo moderado: 
- El Principialismo moderado de Diego Gracia, expuesto en su volumen Fundamentos de Bioética. Este autor, Catedrático de Bioética en la Universidad Complutense de Madrid, es el que más influencia ha tenido en España y en países de habla hispana.
- Jerarquiza los principios distinguiendo dos de rango superior (no-maleficencia y justicia) y dos de rango inferior (beneficiencia y autonomía).
- No dedica espacio a la fundamentación antropológica y la mayoría de sus alumnos optan por una ética de carácter deliberativo, en algunas ocasiones arbitraria, conflictiva y en gran parte llegan a conclusiones relativistas.

c) Utilitarismo y funcionalismo:
- De raíz empirista, materialista y basado en las teorías de Bentham y Stuart Mill. 
- Considera que es bueno aquello que produce el mayor bienestar y beneficio para el mayor número de personas. Se realiza un cálculo costo-beneficio y el resultado práctico es lo que se decide.
- Generalmente está asociado a la visión funcionalista, como la de P. Singer: para Singer el fundamento del ser persona es la capacidad de tener conciencia, por lo tanto, existe la distinción entre ser humano y persona. Sería ser humano todo ser vivo de la especie homo sapiens sapiens, mientras que sería persona sólo aquel ser humano capaz de realizar actos de razón. Esto significa que ni el embrión, ni el feto, ni el anencéfalo, ni el individuo en coma, ni el enfermo con grave discapacidad, son personas. Esta concepción antropológica, seguida de un razonamiento meramente pragmático, hace que la posición de P. Singer derive hacia posiciones liberales en las que está permitida la eugenesia, la eutanasia, el aborto, entre otros.

c) Contractualismo:
- Sigue la tradición empirista y hobbesiana (Thomas Hobbes: "El lobo es un lobo para el hombre"), y ante la imposibilidad de llegar a una ética universal, la única posibilidad remanente es el consenso y el contrato social en bioética.
- El autor más representativo de esta posición es H.T. Engelhardt jr. Para él la única fuente de autoridad es el consenso pues cualquier otra argumentación es débil y no hay posibilidad de establecer principios de carácter universal.

d) Ética de mínimos:
- es una forma del contractualismo de Engelhardt. Se basa en el mismo supuesto: ante la imposibilidad de establecer principios con validez universal, sólo nos queda acordar una “ética de mínimos” que todos compartamos y que sea el fundamento de la convivencia.
- En España, la autora más importante de esta corriente es Adela Cortina en la Universidad de Valencia, con ella Victoria Camps en la Universidad Autónoma de Barcelona y Javier Sádaba en la Universidad Autónoma de Madrid.
- Uno de los límites de esta posición es el de reducir la ética a política, es más, sustituir la ética con la política haciendo que la ética permanezca en el ámbito de lo privado y la política (mínimos) en lo público.

e) Ética del cuidado:
- Teoría que encuentra su fundamento en la filosofía fenomenológica y que ha sido desarrollada por numerosas autoras como la psicóloga feminista C. Gilligan.
- Está inspirada en las obras del filósofo francés P. Ricoeur y en el pensamiento de matriz fenomenológica y dialógico. Centra su atención en la categoría del cuidado, con excelentes resultados, pero necesita también una concepción antropológica que oriente la acción. 
- El pensamiento fenomenológico y dialógico puede enriquecer enormemente la reflexión bioética introduciendo categorías como la relación, la empatía, simpatía, afecto, honestidad, responsaibilidad, seguridad, claridad, privacidad...

f) Ética narrativa:
- Descrita fundamentalmente por H. Brody. Para él la ética clínica es un diálogo o síntesis entre los “principios recibidos, colectivos” y las “particularidades de cada persona, la historia que narra”.
- No tiene fundamentación antropológica y ética, es relativista y subjetiva.
- Concepto distinto del ser humano: concepto de identidad personal como un proceso, como una construcción por parte del sujeto y por interacción con su ambiente social.
- Puesto que la identidad se va formando y se define (no por los rasgos objetivos) sino por el carácter, para entender el contexto de una decisión es necesario el relato narrativo de la vida del actor.
- La narrativa de una vida moral es siempre una interpretación (propia) y ésta tiene prioridad para decisiones morales --> seguir las emociones.


g) Bioética casuística:
- representada por autores como A. Jonsen y S. Toulmin.
- Considera que está bien aquello que se decida en cada situación, decidiendo independientemente de otras consideraciones. Puramente subjetiva.

h) Personalismo con fundamentación ontológica:
- Desde los años 80 se ha desarrollado una corriente, cuyo iniciador –Elio Sgreccia – denomina “personalismo bioético con fundamentación ontológica”. Dicha corriente se contrapone a las anteriormente expuestas o las complementa, como en el caso de la teoría del cuidado y la bioética narrativa.
- Es una síntesis entre la filosofía realista clásica y algunos elementos de la fenomenología contemporánea personalista. El núcleo de su filosofía –de raigambre aristotélico-tomista- consiste en afirmar que la persona es unión sustancial de alma y cuerpo, de corporeidad y alma metafísica y espiritual, y basándose en los datos de la ciencia afirma que existe el ser humano y la persona desde el momento en que empieza a existir su cuerpo, es decir, desde el momento de la fecundación.
- Teniendo una base antropológica, el personalismo metafísico u ontológico, infiere algunos principios que podrían servir como orientación en el obrar práctico: respeto de la vida física, principio terapéutico, libertad-responsabilidad y justicia solidariedad.
- Cabe destacar la relevancia que tiene en esta corriente el concepto de naturaleza humana entendida como una realidad que no es meramente empírica. (ya que gran parte de los errores del relativismo tienen su origen en concebir la naturaleza humana como algo puramente empírico. De ahí la visión de Hume, Hobbes, Stuart Mill o Bentham, origen de las bioéticas relativistas o contractualistas). Sólo recuperando el concepto de naturaleza humana teleológica y finalizada será posible salvaguardar la intrínseca dignidad permanente y constante en los cambios accidentales de la persona humana. Es aplicable a este modelo todo lo expuesto en el epígrafe anterior sobre la fundamentación antropológica que identifica cuerpo y persona.